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El Remate en el Voleibol desde el punto de vista de la Física E-mail
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Marzo Edir Da Silva Grigoletto
Licenciado y Doctor en CAFYD. Centro Andaluz de Medicina del Deporte. Córdoba.
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Raul Landa Navarro
Raul Landa Navarro
Licenciado en CAFYD. Entrenador Internacional de Voleibol FIVB.
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José Ramón Gómez Puerto
Licenciado y Doctor en Medicina. Centro Andaluz de Medicina del Deporte. Córdoba
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José Ramón Gómez
Bernardo Hernán Viana
Bernardo Hernán Viana Montaner
Licenciado y Doctor en Medicina.
Centro Andaluz de Medicina del Deporte
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Introducción

El voleibol es un deporte de cooperación oposición practicado por dos equipos de seis jugadores enfrentados a través de una red, utilizando gestos técnicos en un terreno de juego de 18 m. de largo y 9 m. de ancho (Parlebas, 1988).
Los gestos técnicos más utilizados en voleibol son: Saque, recepción, colocación, ataque, bloqueo y defensa (Bertucci, 1987). El remate es el golpe de ataque más común para hacer los puntos. Los técnicos de voleibol entrenan a sus jugadores para rematar sobre la red hacia distintas zonas del campo contrario. Para una ejecución eficaz de los gestos técnicos, influyen variables técnicas, tácticas, psicológicas y físicas3. Nosotros vamos a analizar el remate desde el punto de vista de la física, por lo que tendremos que recurrir al estudio del movimiento de proyectiles y lanzamientos. Comentaremos después algunos aspectos biomecánicos relacionados con la técnica del rematador que influyen en la eficacia del gesto.

¡Practica con el simulador!

Simulador Voleibol

 

Si quisiéramos saber a qué altura deberíamos golpear el balón para que pasara justo por encima de la red (sin rozarla) y cayera en un determinado punto del campo contrario, deberemos tener en cuenta algunos datos (ver figura-1)
Figura-1. Esquema de la trayectoria del balón después de ser rematado (Tomado de Behroozi, 1998)
Donde:
H es la altura de la pelota en el momento del golpeo (desde la parte más baja del balón al suelo)
h es la altura del balón, cuando éste se encuentra justo encima de la red (medida desde el punto más bajo del balón al suelo).
v0es la velocidad inicial del balón.
θ es el ángulo de golpeo debajo de la horizontal.
a es la distancia horizontal desde el lugar de golpeo a la red y
Res la distancia horizontal desde la red hasta que toca el suelo.
Behroozi (1998) , propone varias ecuaciones que rigen el remate de voleibol. Teniendo en cuenta que:
tf es el tiempo de vuelo
g es la aceleración de la gravedad y
tn es el tiempo que transcurre entre el instante del golpeo y el instante en que el balón pase por encima de la red
Tendríamos las siguientes ecuaciones:
H = (v0 sen θ) tf+ ½ g tf2 (1)
H – h = (v0 sen θ) tn+ ½ g tn2 (2)
a = (v0 cos θ) tn (3)
R + a = (v0 cos θ) tf (4)
Si nuestro objetivo es averiguar H utilizando estos datos, debemos despejar v0, θ y tn en las fórmulas anteriores, teniendo en cuenta la desviación (d) del balón por la acción de la gravedad respecto a la trayectoria recta (ver ecuación 5) y la ratio del tiempo utilizado por el balón en alcanzar la red sobre el tiempo total de vuelo (ver ecuación 6):
d = ½ g tf2 (5)
tn/ tf = a/(a + R) (6)
Al sustituir las ecuaciones 5 y 6 en las ecuaciones 1 y 4 obtenemos:
H = (R + a) tg θ + d (7)
H – h = a tg θ + [a/(R+a)]2 d (8)
Si eliminamos tg θ en las ecuaciones anteriores, obtenemos:
H = h + d[a/(R + a)]2 + a[(H – d)/(R + a)] (9)
Y simplificando:
H = [h(a + R)/R – ad/(a + R)] (10)
Por lo tanto, para obtener H, es necesario conocer h, a y d.
La distancia a es fácil de medir, estando normalmente comprendida en un rango de entre 0 y 3 m.
La altura de la red determina la mínima h que podemos utilizar: En el voleibol masculino, la altura de la red es 2,43 m. y en el voleibol femenino, es 2,24 m.
En cuanto a la medición de tf , es fácil de realizar en la práctica, grabando con una videocámara moderna a un jugador rematando a distintas alturas sobre la red y contando el número de fotogramas por segundo en los que el balón está en el aire.
Con estos datos, obtendremos d. Al sustituirlo en la ecuación 10 nos damos cuenta de que la acción de la gravedad no tiene demasiada incidencia en el cálculo de H, ya que sólo supone una pequeña corrección en la fórmula.

Haz clic aquí para ver la simulación de un remate de voleibol.

 

Pongamos un ejemplo práctico:
Supongamos que un rematador ataca un balón separado 0,5 m. de la red (a).
Cuando el balón pasa por encima de la red, la parte más baja del mismo se encuentra a 2,5 m. del suelo (h).
Queremos conocer la altura de la pelota en el momento del golpeo (H) para que caiga a 4 m. de la red (R).
En el voleibol masculino, la v0 del balón es aproximadamente de 27 m/seg (ó 110 km/h)
.
Por tanto, el balón tarda en llegar de la red a la línea de fondo 0,333 seg.
En el voleibol femenino:
v0 es de 18 m/s aproximadamente (ó 80 km/h
El balón tarda 0,5 seg de la red a la línea de fondo). Por lo tanto, si tomamos
tf = 0,33 s
d= 0,54 m
El segundo término de la ecuación (10) será 0,06 m, lo que demuestra su escasa aportación al cálculo de H, ya que el primer término de la ecuación nos da 2, 81 m.
En este caso es:
H= 2,81 – 0,06= 2,75 m
En la práctica, existen múltiples aspectos biomecánicos y técnicos que deberíamos tener en cuenta, aunque no sea el objetivo de este artículo, ya que existen varias formas de golpear el balón, pudiendo tomar éste distintos efectos (Bellendier, 20029).
Asimismo, la resistencia del aire puede afectar a la trayectoria, aunque de manera poco significativa.

 

Parlebas, P. (1988): Elementos de sociología del deporte. Málaga: UNISPORT, Junta de Andalucía.
Bertucci, B. (1987). The AVCA Volleyball Handbook. Michigan: Masters Press.
Santos del Campo, J. A.; Viciana Ramírez, J. y Delgado Noguera (1996). La actividad física y deportiva extraescolar en los centros educativos. Voleibol. Madrid: M.E.C.
Behroozi, F (1998). Physics of Volleyball: Spiking with a Purpose. The Physics Teacher, 36
Bellendier, J. (2002). Ataque de rotación en el voleibol, un enfoque actualizado. En http://www.efdeportes.com Revista Digital - Buenos Aires - Año 8 - N° 51

 

 
Actividad Física en la Adolescencia E-mail

Autores

 
Pilar Ramos
Facultad de Psicología. Universidad de Sevilla
 
Pilar Ramos
Francisco J. Rivera
 
Francisco J. Rivera
Depto.de Psicología. Universidad de Huelva
 
 
Antonia Mª Jiménez-Iglesias
Facultad de Psicología. Universidad de Sevilla
 
Antonia Mª Jiménez-Iglesias
Carmen Moreno
 
Carmen Moreno
Facultad de Psicología. Universidad de Sevilla
 
 

 

 

IntroducciónIntroducción
El estilo de vida saludable, y en concreto el hábito de hacer ejercicio físico, se adquiere a lo largo del proceso de socialización, siendo la infancia y la adolescencia etapas claves para su formación. En estos periodos se aprenden comportamientos que tienen grandes repercusiones para la salud de las personas, tanto a corto como a largo plazo, y que serán difíciles de modificar en la vida adulta. De ahí la importancia de promover un estilo de vida saludable en la población infantil y adolescente (Costa y López, 2000).
 
 
Estilos de vida, actividad física y salud
Los beneficios de la actividad física para la salud de los adultos están bien documentados; así, por ejemplo, la actividad física habitual puede suponer una contribución importante a la mejora de la calidad de vida, tanto física como psicológica (Physical activity and health, 1996). Concretamente, la contribución de la actividad física en la salud es esencial en la reducción del riesgo de alteraciones cardiovasculares, cáncer de colon, diabetes mellitus no insulino-dependiente y osteoporosis. Además, el ejercicio físico puede ser beneficioso para aquellas personas que tengan artritis, obesidad o incluso desajuste psicológico, como pueden ser la ansiedad o la depresión (Salleras y Serra, 1991), sin pasar por alto la contribución indirecta que el ejercicio físico tiene sobre la salud a través de la mejora de la calidad del sueño que acarrea esa actividad (Shapiro, Warren, Trinder, Paxton, Oswald, ddFlenley y Catterall, 1984). Sin embargo, los beneficios de la actividad física para la salud de los jóvenes no están tan bien documentados, aunque las revisiones han identificado unos efectos positivos moderados sobre los resultados sanitarios, tales como la capacidad aeróbica, la presión arterial, los lípidos en sangre, la salud esquelética y el bienestar psicológico. Los beneficios de una infancia activa parecen estar más claros cuando, por un lado, se considera que tales beneficios se pueden trasladar a la vida adulta, en la medida en que un joven activo tiene más probabilidades de ser un adulto activo (Roberts, Tynjälä y Komkov, 2004 y Perkins, Jacobs, Barber y Eccles, 2004), y por otro lado, por la correlación positiva con otros hábitos de vida saludables (Jiménez-Castuera, Cervelló-Gimeno, García-Calvo, Santos-Rosa e Iglesias-Gallego, 2007 y Pastor, Balaguer y García-Merita, 1999). De este modo, se ha demostrado que realizar actividad física durante el tiempo libre en los años de la adolescencia es un buen aliado en la prevención del consumo de drogas (Collingwood, 1997 y Werch, Moore, DiClemente, Bledsoe y Jobli, 2005). Por lo tanto, tomando en consideración los beneficios de la actividad física para la salud de los jóvenes, la mejora de sus niveles de actividad física constituye un importante reto en materia de salud pública (Aznar y Webster, 2006 y Sallis, Prochaska y Tailor, 2000).
 
Actividad física: directrices o recomendaciones consensuadas por la comunidad científicaActividad física: directrices o recomendaciones consensuadas por la comunidad científica
 
Durante años ha existido un debate en la comunidad científica a la hora de establecer las directrices adecuadas en materia de actividad física, por ejemplo, en términos de intensidad y de duración. El consenso emergente pone el énfasis en la Actividad Física de Intensidad Moderada, sobre la base de las pruebas científicas que demuestran que la acumulación de dicha actividad a lo largo de un período de tiempo puede generar beneficios sanitarios, según el informe Physical activity and health (1996).Así, en un encuentro internacional celebrado en 1997 (Biddle, Sallis y Cavill, 1998 y Roberts et al., 2004) se examinaron las directrices del ejercicio físico en los jóvenes y se hicieron dos recomendaciones básicas:
 
  • Primera recomendación:
  1. todos los jóvenes deberían realizar alguna actividad física de al menos una hora al día a intensidad moderada,
  2. los jóvenes que actualmente realizan poca actividad física, deberían realizarla al menos 30 minutos al día a intensidad moderada.
Para entender estas recomendaciones es necesario aclarar que la Actividad Física de Intensidad Moderada es aquella que, por una parte, hace aumentar la sensación de calor e iniciar una ligera sudoración y por otra parte, incrementa el ritmo de la respiración y de los latidos del corazón, permitiendo aún hablar (Merino y Aznar, 1999).
  • Segunda recomendación:
al menos dos veces a la semana, alguna de estas actividades deberían ayudar a realizar y mantener la fuerza y flexibilidad muscular, y la salud de los huesos.
Una revisión sistemática realizada recientemente por Strong, Malina, Blimkie, Daniels, Dishman, Gutin, Hergenroeder, Must, Nixon, Pivarnik, Rowland, Trost y Trudeau (2005) coincide con las recomendaciones realizadas en el encuentro internacional celebrado en 1997 y concluyen que “los jóvenes en edad escolar deberían participar diariamente en 60 minutos o más de Actividad Física de Moderada a Vigorosa que sea adecuada para el desarrollo, divertida y que involucre actividades variadas”.
 
 
La actividad física en la adolescenciaLa actividad física en la adolescencia
La adolescencia es una etapa de la vida marcada por importantes transformaciones emocionales, sociales y fisiológicas y un momento idóneo para formar o consolidar hábitos de alimentación saludables y un estilo de vida activo, lo que a largo plazo conllevará la prevención o el retraso en el inicio de diversas enfermedades crónicas (Lien, Lytle y Klepp, 2001; Post-Skagegard, Samuelson, Karlstrom, Mohsen, Berglund y Bratteby, 2002 y Organización Mundial de la Salud, 2007). Concretamente, muchos estudios constatan que la condición física que se posee en la vida adulta, así como la presencia de otros factores de riesgo cardiovascular relativamente frecuentes en los adultos (hipercolesterolemia, hipertensión, etc.), están condicionados por el nivel de forma física que se tiene en la infancia o la adolescencia (Ortega, Ruiz, Castillo, Moreno, González-Gross, Wärnberg, Gutiérrez y Grupo AVENA, 2005).
Por otra parte, la baja actividad física en la adolescencia no sólo no es deseable por los riesgos que conlleva a largo plazo en la vida adulta, y que acaban de comentarse, sino también por otras consecuencias fácilmente detectables a corto plazo, incluso dentro de la etapa adolescente. Y entre ellas están la baja forma física, una menor autoestima y una pobre imagen corporal (Merino y Aznar, 1999).
Sin embargo, a pesar de los claros y demostrados beneficios de la actividad física en todas las etapas evolutivas, no existe un uso generalizado de este hábito en nuestra sociedad actual, ni en la población adolescente, en particular (Burrows, Díaz, Sciaraffia, Gattas, Montoya y Lera, 2008; Martínez, Varo y Martínez, 2003; Mur, Fleta, Garagorri, Moreno y Bueno, 1997 y Ortega et al., 2005). Concretamente, los datos de las últimas encuestas españolas de salud muestran que algo más del 60% de la población no realiza la actividad física aconsejada para mantener la salud (Encuesta Nacional de Salud, 2006). Salleras y Serra (1991) explican que esta tendencia al sedentarismo, propia de la mayoría de los habitantes de países industrializados, es un fenómeno reciente aunque creciente, y que parece haber sobrevenido fundamentalmente por tres tipos de causas conexas:
  1. El descenso de las demandas de energía humana en la mayoría de los modernos trabajos, dependientes de otros tipos de energía.
  2. La disponibilidad de transportes públicos y privados para desplazamientos tanto largos como relativamente cortos, de tal forma que la humana, esencialmente una especie caminadora durante millones de años, cada día camina menos.
  3. La tendencia, socialmente potenciada, al recreo pasivo, esto es, al empleo del tiempo de ocio en actividades que no implican ejercicio, tales como ver televisión, oír radio, ver cine, etc., siendo una minoría los individuos implicados en actividades de ocio que supongan actividad física con repercusiones positivas sobre su salud.
También las cifras con la población adolescente son preocupantes. Concretamente, los datos internacionales del estudio Health Behavior in School-aged Children (HBSC) en su edición 2002 muestran que un tercio de los jóvenes no cumple las recomendaciones para la realización de Actividad Física Moderada-Vigorosa: sentir que el corazón se acelera y que en ocasiones cuesta trabajo respirar durante un total de 60 minutos al día todos los días de la semana (Roberts, Tynjälä y Komkov, 2004). Así mismo, los datos españoles de este estudio internacional y de esa misma edición 2002 muestran valores algo más bajos a los promedios internacionales; así, los adolescentes españoles afirman haberse sentido físicamente activos tan sólo 3,68 días de la última semana, frente a los 3,80 de la muestra internacional (Moreno, Muñoz, Pérez y Sánchez, 2005b).
Merino y Aznar (1999) exponen varias razones que intentan explicar las bajas cifras de actividad física durante la adolescencia:
  1. Los intereses cambian con la edad. Una gran parte de los juegos infantiles implican movimiento pero, al llegar a la adolescencia, se pierde el interés por esos juegos y aparecen otras actividades alternativas para ocupar el tiempo libre (Moreno, Muñoz y Pérez, 2004).
  2. La oferta de actividades físicas y deportivas deja de responder a sus intereses. Al principio viven la práctica de actividades físicas como un juego, después es bastante habitual que quieran ganar o se propongan metas poco realistas. Si esto es así, cuando perciben que difícilmente conseguirán las metas que se proponen, la actividad deja de tener sentido; por lo que emplean su tiempo libre en otros asuntos.
  3. Aparecen nuevas formas de ocupar el tiempo libre. La adolescencia es la aproximación al mundo de los adultos. Aparecen nuevas formas de ocupar el tiempo libre que antes o les estaban vedadas o no despertaban su interés. Muchas de estas alternativas son sedentarias y en los ambientes en los que suelen reunirse es habitual que se den también conductas poco saludables (beber, alcohol, fumar, trasnochar) (Moreno y Delval, 2004).
  4. Aparecen conflictos de tiempo, ya que al crecer aumenta la exigencia escolar, se requiere la ayuda del adolescente en las tareas domésticas o laborales, ellos quieren disponer de tiempo para estar con sus iguales y comienzan las relaciones entre chicos y chicas.
  5. Las familias pierden influencia, mientras que los iguales tienen más importancia.
  6. Hay padres y madres que influyen consciente o inconscientemente en que dejen de realizar actividad física. A menudo no se les inscribe en actividades físicas y deportivas extraescolares para que dediquen más tiempo al estudio. En ocasiones, no muestran interés por la actividad física que realizan sus hijos, y aun menos por la que realizan sus hijas.
  7. Existe poca valoración social de la actividad física. No hay una conciencia social que transmita el mensaje de que la práctica de la actividad física sea sana e importante. El problema se agrava en el caso de las niñas, pues las mujeres tienen estilos de vida menos activos que los hombres.
 
 
Variables asociadas a la realización de actividad física en la adolescenciaVariables asociadas a la realización de actividad física en la adolescencia
 
De lo expuesto hasta el momento puede concluirse que el hábito de hacer actividad física en la adolescencia muestra diferencias en función de variables intrínsecas al sujeto, como la edad o el género, pero también en función de variables extrínsecas, que tienen que ver con las características del ambiente en el que el adolescente crece, como la oferta de actividades a la que tiene fácil acceso o la valoración social que se otorga a la actividad física.
 
Claramente, las oportunidades, las presiones, las habilidades y los recursos disponibles para la gente joven difieren durante las distintas fases de la adolescencia. Consecuentemente, los estilos de vida que ponen en riesgo o protegen la salud son sensibles a estos cambios en el desarrollo adolescente (Castillo Ceballos, 1999 y Elliot, 1993). En relación a las conductas relacionadas con los estilos de vida saludables, en general se ha comprobado que a medida que avanza la edad del adolescente, disminuyen las conductas que puedan suponer un factor de protección para su salud (Moreno, Muñoz, Pérez y Sánchez, 2005a y Story, Neumark-Sztainer y French, 2002). En concreto, los datos procedentes de varios estudios demuestran que la disminución más significativa de la actividad física durante el ciclo vital tiende a producirse entre los 13 y los 18 años de edad (Sallis, 2000). Concretamente, en el caso de los adolescentes españoles, Lasheras, Aznar, Merino y López (2001) apuntan los 11 años como el momento en que la actividad física comienza a estancarse o a disminuir. Así mismo, los datos nacionales del estudio HBSC en su edición 2002 (Moreno et al., 2005b), muestran diferencias llamativas en el nivel de Actividad Física Moderada-Vigorosa entre los adolescentes de 11-12 años (que decían sentirse activos 3.76 días a la semana) y los adolescentes de 17-18 años (que informaban de 3.51 días en respuesta a la misma pregunta).
Por otra parte, las diferencias en los hábitos de actividad física entre chicos y chicas están bien documentados (Lasheras et al., 2001; Merino y Aznar, 1999; Moreno et al., 2005b y Motl, Dishman, Ward, Saunders, Dowda, Felton y Pate, 2005), de modo que las chicas se encuentran en una posición desventajada por tener estilos de vida menos activos que los chicos.
De hecho, se han realizado muchos trabajos para identificar los factores determinantes del hábito de hacer ejercicio físico regularmente, con el fin de hacer frente a las barreras potenciales y de promover más oportunidades de participación. En este sentido varios estudios han demostrado lo que viene siendo ya una evidencia reiterada en la investigación, que la actividad física disminuye con la edad, en especial, en el caso de las chicas (Moreno et al., 2005a; Perula, Lluch, Ruiz, Espejo, Tapia y Mengual, 1998 y Roberts et al., 2004).
 
 
 
Desigualdades sociales y salud Desigualdades sociales y salud
La salud está además en gran parte determinada por las condiciones socioeconómicas, culturales y ambientales en que se vive. De hecho, la pobreza y la mala salud son fenómenos interrelacionados, de modo que los países pobres tienden a presentar peores resultados sanitarios que los más pudientes y, dentro de cada país, las personas pobres tienen más problemas de salud que las acomodadas (Acheson, 1998; Mackensbach y Bakker,2002; Regidor, Gutiérrez-Fisac y Rodríguez, 1994 y Wagstaff, 2002).
 
Según Boyce y Dallago (2004), los adolescentes de grupos socioeconómicos más pobres tienen típicamente peor salud e incrementan su exposición a determinados factores de riesgo en comparación con aquellos de grupos/familias más adineradas. Concretamente, las oportunidades para llevar a cabo alguna actividad física están determinadas por factores principalmente socioeconómicos que influyen en el acceso, disponibilidad y respuesta a los recursos necesarios para hacerlo. En el Forum llevado a cabo por la Organización Mundial de la Salud (WHO/HBSC Forum, 2006) con la intención de apoyar a los estados miembros en medidas de integración dirigidas a actuar sobre los determinantes socioeconómicos de salud, se concluye que los peores hábitos de alimentación y sedentarismo tienen un mayor impacto en la gente más pobre, con consecuencias significativamente mayores a largo plazo para uno de los grupos más vulnerables de la sociedad: la infancia.
Sánchez y Albala (2004), después de realizar un importante estudio manejando datos a través del tiempo, señalan que la desigualdad en la distribución de los ingresos es uno de los factores más importantes que impiden el adecuado desarrollo de las comunidades en el ámbito sanitario. Intentado demostrar este hecho con datos concretos, un grupo de expertos (Braun, García Castrillo-Riesgo, Kraffta y Díaz-Regañón Vilches, 2002) demuestra que la utilización del Servicio de Urgencias Hospitalarias está condicionada por las características sociodemográficas del área de residencia, identificándose mayor uso entre los grupos de más bajo nivel socioeconómico.
Esas desigualdades económicas no sólo existen entre unas familias y otras, sino también entre las distintas comunidades autónomas que constituyen el Estado español. Whitehead, Scott-Samuel yDahlgren (1998) denunciaron hace una década que el Estado español se encontraba en una fase muy inicial del proceso de establecimiento de políticas apropiadas para reducir las desigualdades en salud, fase incluso previa a la del reconocimiento de esta situación tan injusta como necesaria de abordar. A pesar de que los expertos sí reconocen esta situación, es cierto que no hay suficientes estudios que analicen detenidamente las políticas de salud de cada región y su relación con su nivel de riqueza.
Uno de esos pocos estudios actuales que analizan este problema fue realizado por un grupo de expertos en políticas en salud (Borrell, Peiró, Ramón, Pasarín, Colomer, Zafra y Álvarez-Dardet, 2005). Los resultados de este estudio ponen de manifiesto la escasa atención que se presta a las desigualdades socioeconómicas en los planes de salud, con excepción del País Vasco, comunidad autónoma con más presencia de análisis de la situación en los distintos niveles socioeconómicos y de propuestas de intervención consecuentes.
Las diferencias socioeconómicas entre las distintas comunidades autónomas se pueden medir con el Producto Interior Bruto nominal per cápita, indicador macroeconómico que relaciona el valor total de lo producido y el número de habitantes de un espacio geográfico en un período de tiempo determinado. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (2007), y como puede apreciarse en el siguiente mapa sinóptico,donde se representan territorialmente los datos de PIB por habitante, existen tres comunidades (Extremadura, Andalucía y Castilla–La Mancha) que se sitúan por debajo del 80% de la media nacional y los registros más elevados se sitúan geográficamente, con la excepción de Madrid e Illes Balears, por encima del denominado Eje del Ebro, en el cuadrante noreste de la Península Ibérica (País Vasco, Navarra, Cataluña, Aragón y La Rioja).
 
 
 MapaLeyenda

 

Mapa-1. PIB per cápita correspondiente al año 2007. Índice España=100
 
 
 
Muy probablemente estas diferencias socioeconómicas, unidas a las tradiciones, los valores culturales y a la gestión de recursos e inversiones, propios de cada comunidad autónoma, se convierten en potentes determinantes de las desigualdades en salud de la población adolescente.
 
 
Referencias bibliográficas
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Actividad Física en los Adolescentes Españoles: Estudio de las Desigualdades Socioeconómicas, de Edad y de Género E-mail

Autores

 
Pilar Ramos
Facultad de Psicología. Universidad de Sevilla
 
Pilar Ramos
Francisco J. Rivera
 
Francisco J. Rivera
Depto.de Psicología. Universidad de Huelva
 
 
Antonia Mª Jiménez-Iglesias
Facultad de Psicología. Universidad de Sevilla
 
Antonia Mª Jiménez-Iglesias
Carmen Moreno
 
Carmen Moreno
Facultad de Psicología. Universidad de Sevilla
 
 
Resumen
El artículo se basa en los resultados del estudio Health Behaviour in School-Aged Children obtenidos en España en la edición del año 2006. La investigación se realizó con 21.811 chicos y chicas adolescentes con edades comprendidas entre los 11 y los 18 años. El objetivo de este trabajo es estudiar la influencia que sobre la realización de la actividad física tienen el sexo, la edad, la combinación de ambas variables y la capacidad adquisitiva familiar, así como analizar esta última relación diferenciando por comunidad autónoma. Los resultados muestran que, tanto en lo que se refiere a la Actividad Física Moderada-Vigorosa, como a la frecuencia y duración de la Actividad Física Vigorosa, son los chicos los que más llevan a cabo este hábito saludable. Además, siendo cierto que tanto en chicos como en chicas se produce un descenso en la actividad física con la edad, en las chicas es especialmente pronunciado. Respecto a la influencia de las comunidades autónomas sobre la relación entre capacidad adquisitiva familiar y actividad física, se encuentra que en algunas comunidades autónomas, como Aragón, Comunidad Valenciana, Galicia, Asturias y La Rioja, existen mayores desigualdades sociales mediando en el nivel de actividad física de los adolescentes. Los resultados, por lo tanto, ponen de manifiesto la necesidad de llevar a cabo políticas de salud dirigidas específicamente a las desigualdades que se derivan del sexo, la edad y las diferencias socioeconómicas de la población adolescente.

 

Introducción
La adolescencia es una etapa clave en la formación del estilo de vida saludable y en concreto del hábito de hacer ejercicio físico, ya que en este periodo evolutivo se aprenden comportamientos que tienen grandes repercusiones para la salud de las personas, tanto a corto como a largo plazo, y que serán difíciles de modificar en la vida adulta (Costa y López, 2000). Por lo tanto, la mejora de los niveles de actividad física en la adolescencia constituye un importante reto en materia de salud pública (Aznar y Webster, 2006 y Sallis, Prochaska y Tailor, 2000).
 
A pesar del extenso debate en el establecimiento de las directrices adecuadas en materia de actividad física, concretamente, en términos de intensidad y de duración; la comunidad científica coincide en ser la acumulación de la Actividad Física de Intensidad Moderada la que genera mayores beneficios sanitarios (Physical activity and health, 1996).Concretamente, una revisión sistemática de las directrices y recomendaciones acordadas por la comunidad científica resume que “los jóvenes en edad escolar deberían participar diariamente en 60 minutos o más de Actividad Física de Moderada a Vigorosa que sea adecuada para el desarrollo, divertida y que involucre actividades variadas” (Strong, Malina, Blimkie, Daniels, Dishman, Gutin, Hergenroeder, Must, Nixon, Pivarnik, Rowland, Trost y Trudeau, 2005).
 
Sin embargo, a pesar de los claros y demostrados beneficios de la actividad física, esas recomendaciones están lejos de llegar a cumplirse (Burrows, Díaz, Sciaraffia, Gattas, Montoya y Lera, 2008; Encuesta Nacional de Salud, 2006; Martínez, Varo y Martínez, 2003; Mur, Fleta, Garagorri, Moreno y Bueno, 1997 y Ortega et al., 2005). Concretamente, los datos internacionales del estudio Health Behavior in School-aged Children (HBSC) en su edición 2002 muestran que un tercio de los jóvenes no cumple las recomendaciones específicas para la realización de Actividad Física Moderada-Vigorosa: sentir que el corazón se acelera y que en ocasiones cuesta trabajo respirar durante un total de 60 minutos al día todos los días de la semana (Roberts, Tynjälä y Komkov, 2004). Así mismo, los datos españoles de este estudio internacional y de esa misma edición 2002 muestran valores algo más bajos a los promedios internacionales; así, los adolescentes españoles afirman haberse sentido físicamente activos tan sólo 3,68 días de la última semana, frente a los 3,80 de la muestra internacional (Moreno, Muñoz, Pérez y Sánchez, 2005b).
 
 
Objetivos de la investigación
 
Objetivos de la investigaciónEl trabajo se encuadra dentro del estudio internacional Health Behaviour in School-aged Children (HBSC), en su edición 2006. La ejecución de este estudio en España ha sido realizada gracias al Convenio de colaboración firmado entre el Ministerio de Sanidad y Consumo y la Universidad de Sevilla.
Los objetivos que se van a abordar en este trabajo de investigación son los siguientes:
 
 
  • En primer lugar, el artículo se propone conocer el nivel de Actividad Física Moderada-Vigorosa (AFMV) y el nivel de Actividad Física Vigorosa (AFV) de los adolescentes españoles, así como analizar las diferencias existentes en función de la edad, el sexo, la combinación de edad y sexo, y el nivel adquisitivo familiar.
  • En segundo lugar, se examinarán si las diferencias en ambos niveles de actividad física (AFMV Y AFV) en función de la capacidad adquisitiva que poseen las familias de los adolescentes, varía entre las diferentes comunidades autónomas.
 
Participantes
 
ParticipantesLa selección de la muestra de adolescentes participantes en la investigación se realizó a través de un muestreo aleatorio polietápico estratificado por conglomerados, utilizándose los siguientes estratos: la edad de los adolescentes (11 a 18 años), la zona geográfica (comunidad autónoma), el hábitat (rural y urbano) y la titularidad del centro educativo (público y privado).
Finalmente, la muestra estuvo compuesta por un total de 21.811 sujetos pertenecientes a 377 centros educativos, de los que 103 eran privados y 274 públicos.
 
 
Instrumento utilizado en la investigación: El cuestionario HBSC. Variables consideradas
 
Instrumento utilizado en la investigación: El cuestionario HBSC. Variables consideradasEl cuestionario HBSC para esta edición 2006 superó los requisitos exigidos por el Comité Ético de Experimentación de la Universidad de Sevilla para la investigación con sujetos humanos, ajustándose a la normativa vigente en España y en la Unión Europea.
 
En el cuestionario HBSC se recogen datos sobre diferentes bloques temáticos. Para este artículo se han seleccionado los contenidos relacionados con variables demográficas y variables de ejercicio físico.
 
Variables Demográficas
    • Sexo, con dos valores: chico y chica
    • Grupo de Edad, con cuatro valores: 11-12, 13-14, 15-16 y 17-18 años
    • Combinaciones de Sexo-Edad, con ocho valores: chico 11-12, chico 13-14, chico 15-16, chico 17-18 años, chica 11-12, chica 13-14, chica 15-16 y chica 17-18 años
    • Capacidad adquisitiva familiar, variable estimada mediante el índice Family Affluence Scale (FAS, Escala de Bienestar Económico Familiar), con tres valores: baja, media y alta. Esta escala ha sido validada por varios expertos de la University College London a través de una investigación con más de 1.800 adolescentes (Wardle, Robb y Johnson, 2002).
    • Comunidad Autónoma, con 18 valores: Andalucía, Aragón, Asturias (Principado de), Baleares (Illes), Canarias, Cantabria, Castilla y León, Castilla la Mancha, Cataluña, Comunidad Valenciana, Extremadura, Galicia, Madrid (Comunidad de), Murcia (Región de), Navarra (C. Foral de), País vasco, Rioja (la), Ceuta y Melilla.
 
Variables de Ejercicio Físico
La decisión del estudio HBSC, en la toma de decisión acerca de qué variables son básicas para conocer el nivel de actividad física de los adolescentes, se ha guiado por las indicaciones de Booth, Okely, Chey y Bauman (2001), los cuales argumentan que existen dos medidas para analizarlo: la Actividad Física Moderada-Vigorosa (AFMV) y la Actividad Física Vigorosa (AFV). La primera de ellas proporciona un panorama de la actividad total, centrándose en el aspecto físico o actividad física. Sin embargo, la medida de Actividad Física Vigorosa (AFV) explícitamente comprende una dimensión de la actividad física como una actividad recreacional o hobby. Las preguntas concretas que se les hicieron a los adolescentes para medir estas variables son las siguientes:
 
Actividad Física Moderada-Vigorosa (AFMV). En los últimos 7 días, ¿en cuántos días te sentiste físicamente activo/a durante un total de al menos 60 minutos al día?, con valores de 0 días a 7 días. (Justo antes de esta pregunta aparecía una presentación que textualmente decía lo siguiente: “La actividad física es cualquier actividad que hace que tu corazón se acelere y que en ocasiones te cueste trabajo respirar. Se puede hacer actividad física en los deportes, en las actividades escolares, jugando con los amigos o andando hacia el colegio o instituto. Algunos ejemplos de actividad física son correr, patinar, montar en bici, en monopatín, nadar, jugar al fútbol, al futbito, al baloncesto, hacer surf, bailar, andar rápido, etc. Para la siguiente pregunta, calcula el tiempo que dedicas cada día a la actividad física).
 
Actividad Física Vigorosa (AFV)-frecuencia. Fuera del horario escolar: ¿con qué frecuencia realizas alguna actividad física en tu tiempo libre que haga que llegues a sudar o te falte el aliento?, con 7 valores: todos los días, de 4 a 6 veces por semana, 2 ó 3 veces por semana, una vez a la semana, 2 veces al mes, menos de una vez al mes y nunca.
 
Actividad Física Vigorosa (AFV)-duración. Fuera del horario escolar: ¿cuántas horas a la semana sueles realizar alguna actividad física que haga que llegues a sudar o te falte el aliento durante tu tiempo libre?, con 6 valores: ninguna, media hora aproximadamente, 1 hora aproximadamente, de 2 a 3 horas aproximadamente, de 4 a 6 horas aproximadamente y 7 horas ó más.
 
 
Procedimiento utilizado en la investigación
 
Procedimiento utilizado en la investigaciónEn el procedimiento de recogida de información, la coordinación internacional del estudio HBSC, señala que se han de cumplir tres condiciones básicas: en primer lugar, los propios escolares han de ser los que respondan al cuestionario; en segundo lugar, se debe asegurar y respetar el anonimato de las respuestas, así como la comprensión del texto (en las zonas bilingües, concretamente en Islas Baleares, Comunidad Valenciana, Cataluña, Navarra, País Vasco y Galicia, los cuestionarios se presentaban a los adolescentes impresos en su totalidad en las dos lenguas, de modo que ellos podían elegir en qué lengua preferían responder -si lo abrían por la portada, lo hacían en una lengua y, si le daban la vuelta, la contraportada se iniciaba con la versión en la otra lengua-); y, por último, la administración de los cuestionarios debe realizarse dentro del contexto escolar y por encuestadores entrenados específicamente para este instrumento.
 
 
Resultados de la investigación
 
Resultados de la investigaciónEl primer objetivo de este trabajo, surgido a partir de los datos de la edición 2006 del estudio HBSC en España, es el de analizar la presencia del ejercicio físico en la vida de los adolescentes españoles según el sexo, la edad, las combinaciones de ambas variables y la capacidad adquisitiva familiar; así como (segundo objetivo del trabajo), comprobar esta última relación en función de cada comunidad autónoma.
 
Para estudiar si las diferencias entre las variables planteadas en este artículo son estadísticamente significativas se han realizado comparaciones de medias mediante la prueba t para muestras independientes, en la comparación por sexo, y la realización de ANOVAs de un factor, para el resto de variables. En todas las comparaciones se han llevado a cabo pruebas para calcular el tamaño de efecto de los resultados, concretamente se ha utilizado la d de Cohen.
 
 
Resultados-1: Nivel de actividad física según sexo, edad, combinación de sexo y edad, y capacidad adquisitiva familiar
 
Resultados-1: Nivel de actividad física según sexo, edad, combinación de sexo y edad, y capacidad adquisitiva familiarLos datos descriptivos obtenidos en las diferentes variables de ejercicio físico, se observan en la tabla-1
 
Variables
Actividad Física Moderada-Vigorosa1
Frecuencia de Actividad Física Vigorosa2
Duración de Actividad Física Vigorosa3
M
DT
N
M
DT
N
M
DT
N
Total
3,85
2,16
21.034
10,83
9,24
21.191
1,86
1,97
21.151
Sexo
Chico
4,24
2,14
10.049
13,65
9,27
10.136
2,41
2,13
10.102
Chica
3,5
2,11
10.985
8,24
8,43
11.055
1,37
1,67
11.049
Edad
11-12
4,25
2,23
5.685
12,53
9,48
5.738
1,67
1,78
5.728
13-14
3,9
2,11
5.186
11,6
9,27
5.242
1,89
1,91
5.227
15-16
3,77
2,03
5.551
10,14
9,03
5.577
2
2,06
5.570
17-18
3,4
2,18
4.612
8,67
8,63
4.634
1,9
2,13
4.626
Combinaciones Sexo x Edad
Chico
11-12
4,5
2,22
2.773
14,81
9,54
2.806
2,09
1,96
2.790
13-14
4,2
2,12
2.562
14,37
9,21
2.592
2,35
2,04
2.584
15-16
4,2
2,02
2.698
13,1
9,07
2.710
2,61
2,19
2.705
17-18
3,96
2,17
2.016
11,88
8,9
2.028
2,64
2,31
2.023
Chica
11-12
4,01
2,21
2.912
10,35
8,9
2.932
1,28
1,49
2.938
13-14
3,6
2,05
2.624
8,9
8,5
2.650
1,44
1,65
2.643
15-16
3,37
1,95
2.853
7,34
8,06
2.867
1,43
1,76
2.865
17-18
2,97
2,09
2.596
6,17
7,53
2.606
1,32
1,77
2.603
FAS
Bajo
3,5
2,19
3.197
9,35
9,43
3.223
1,52
1,87
3.213
Medio
3,8
2,15
9.745
10,65
9,18
9.804
1,8
1,93
9.795
Alto
4,05
2,13
7.883
11,63
9,16
7.948
2,08
2,04
7.925
      Tabla-1: Datos descriptivos de ejercicio físico.
1 Valores medios: mínimo = 0 máximo = 7
2 Valores medios: mínimo = 0 máximo = 28
3 Valores medios: mínimo = 0 máximo = 7

 
En Actividad Física Moderada-Vigorosa, en todos los contrastes los resultados han sido significativos a p < ,01: en sexo la t = 25,14, en edad la F = 137,91, en combinaciones de sexo y edad la F = 154,44 y en capacidad adquisitiva familiar la F = 80,05; si bien, sólo en los casos que se muestran en la tabla 2, los tamaños de efecto obtenidos con la d de Cohen han sido medianos.

 
Variables
Valores
d
Efecto
Combinaciones Sexo-Edad
Chica 11-12/ Chica 17-18
0,5
Mediano
Chico 17-18/ Chica 17-18
0,5
Mediano
Tabla-2: Tamaños de Efecto en Actividad Física Moderada-Vigorosa
 
A pesar de que las diferencias en Actividad Física Moderada-Vigorosa en relación al sexo y a la edad son significativas pero con tamaño de efecto bajo, cuando se combinan ambas variables (sexo y edad), el tamaño de efecto es mayor. Por un lado, se observa que las chicas de 17-18 años se sienten físicamente activas con menor frecuencia (2,97 días a la semana) que las chicas de 11-12 años (4,1 días a la semana). Por otro lado, se encuentra que los chicos de 17-18 años se sienten físicamente activos con más frecuencia (3,96 días a la semana) que las chicas de esa misma edad (2,97 días a la semana, como hemos indicado anteriormente). Estas tendencias se muestran claramente en el gráfico-1.
 
Gráfico-1: Combinaciones de Sexo-Edad en Actividad Física Moderada-Vigorosa
 
 
En frecuencia de Actividad Física Vigorosa, al igual que sucedía anteriormente, todos los resultados obtenidos han sido significativos a p < ,01: en sexo la t = 44,39, en edad la F = 176,09, en combinaciones de sexo y edad la F = 365,68 y en capacidad adquisitiva familiar la F = 73,49; siendo los casos que aparecen en la tabla-2, los que obtienen tamaños de efecto medianos.
 
Variables
Valores
d
Efecto
Sexo
Chico/Chica
0,6
Mediano
Combinaciones Sexo-Edad
Chica 11-12/ Chica 17-18
0,5
Mediano
Chico 11-12/ Chica 11-12
0,5
Mediano
Chico 13-14/ Chica 13-14
0,6
Mediano
Chico 15-16/ Chica 15-16
0,7
Mediano
Chico 17-18/ Chica 17-18
0,7
Mediano
Tabla-3: Tamaños de Efecto en Frecuencia de Actividad Física Vigorosa
 
Estos resultados muestran que, según el sexo, son los chicos, respecto a las chicas, los que dicen hacer este tipo de ejercicio físico con más frecuencia, diferencias que se mantienen en todos los intervalos de edad desde los 11 a los 18 años, observándose una disminución progresiva conforme aumenta la edad (ver gráfico-2). De hecho, las diferencias de género van en aumento a medida que los adolescentes van creciendo.
 
Gráfico-2: Combinaciones de Sexo-Edad en Frecuencia de Actividad Física Vigorosa
 
 
 
 
Por último, en duración de Actividad Física Vigorosa, una vez más, todas las combinaciones son significativas a p < ,01: en sexo la t = 39,19, en edad la F = 27,3, en combinaciones de sexo y edad la F = 247,91 y en capacidad adquisitiva familiar la F = 104,39; no obstante, sólo los casos que aparecen en la tabla 4, tienen tamaños de efecto medianos.
 
Variables
Valores
d
Efecto
Sexo
Chico/Chica
0,5
Mediano
Combinaciones Sexo-Edad
Chico 11-12/ Chica 11-12
0,5
Mediano
Chico 13-14/ Chica 13-14
0,5
Mediano
Chico 15-16/ Chica 15-16
0,6
Mediano
Chico 17-18/ Chica 17-18
0,7
Mediano
Tabla-4: Tamaños de Efecto en Duración de Actividad Física Vigorosa
 
Así, según el sexo, son los chicos, respecto a las chicas, los que dicen pasar más tiempo realizando Actividad Física Vigorosa; sucediendo así, como en el caso anterior, en todos los grupos de edad. Sin embargo, no se observa la disminución del tiempo que pasan realizando esa actividad conforme aumenta la edad, siendo el efecto de esta variable pequeño (ver gráfico-3).
 
Gráfico-3: Combinaciones de Sexo-Edad en Duración de Actividad Física Vigorosa
 
 
 
 
Resultados-2: Nivel de actividad física según comunidad autónoma
En la tabla-5 se pueden observar los datos descriptivos obtenidos según cada comunidad autónoma en los distintos tipos de actividad física.
 
Variables
Actividad Física Moderada-Vigorosa1
Frecuencia de Actividad Física Vigorosa2
Duración de Actividad Física Vigorosa3
M
DT
N
M
DT
N
M
DT
N
Media nacional
3,85
2,16
21.034
10,83
9,24
21.191
1,86
1,97
21.151
Andalucía
3,93
2,16
1.648
11,21
9,79
1.661
1,71
1,89
1.664
Aragón
3,83
2,15
1.306
10,02
8,73
1.314
1,86
1,94
1.319
Asturias (Principado de)
3,86
2,18
1.249
11,06
9,12
1.252
2,02
2,06
1.248
Baleares (Illes)
3,95
2,13
1.053
12,09
9,45
1.056
2,12
2,11
1.047
Canarias
3,84
2,17
1.273
11,58
9,60
1.279
1,91
1,98
1.281
Cantabria
3,88
2,15
1.041
10,88
9,07
1.057
1,86
1,99
1.049
Castilla y león
3,93
2,11
1.184
10,90
8,98
1.186
2,00
2,01
1.182
Castilla - la Mancha
4,03
2,09
1.265
10,77
9,20
1.277
1,85
1,95
1.276
Cataluña
3,70
2,11
880
10,58
9,34
887
1,96
2,03
889
Comunidad Valenciana
3,65
2,21
985
10,35
9,17
990
1,68
1,90
988
Extremadura
3,89
2,18
1.171
10,87
9,54
1.184
1,64
1,85
1.181
Galicia
3,74
2,21
1.488
10,65
9,30
1.492
1,79
1,95
1.492
Madrid (Comunidad de)
3,85
2,16
996
10,46
8,96
1.017
1,88
1,91
1.011
Murcia (Región de)
3,73
2,10
1.110
9,80
8,96
1.116
1,71
1,83
1.117
Navarra (C. Foral de)
3,84
2,12
1.262
11,15
8,79
1.271
2,02
2,05
1.268
País Vasco
3,77
2,24
1.078
10,44
9,06
1.085
1,95
2,05
1.083
Rioja (La)
3,89
2,16
1.047
10,31
8,79
1.052
1,97
2,07
1.049
Ceuta y Melilla
3,91
2,20
998
11,59
10,01
1.015
1,69
1,84
1.007
Tabla 5: Datos descriptivos de ejercicio físico según comunidad autónoma.
1 Valores medios: mínimo = 0 máximo = 7
2 Valores medios: mínimo = 0 máximo = 28
3 Valores medios: mínimo = 0 máximo = 7
 
 
 
Como puede apreciarse, aunque existen diferencias entre las comunidades en relación a la Actividad Física Moderada-Vigorosa, la frecuencia de Actividad Física Vigorosa y la duración de Actividad Física Vigorosa, estas diferencias o bien no son significativas, o bien las pruebas de tamaño de efecto hacen despreciables las diferencias (con una d de Cohen en todos los casos inferior a 0,2).
 
 
Resultados-3: Influencia de la comunidad autónoma en la relación entre ejercicio físico y capacidad adquisitiva familiar
 
A continuación se pasa a analizar si la relación existente entre la capacidad adquisitiva que poseen las familias de los adolescentes españoles y cada una de las medidas de ejercicio físico, varía en función de la comunidad autónoma. Se presentan los resultados diferenciando entre las distintas medidas utilizadas con el ejercicio físico: Actividad Física Moderada-Vigorosa, Frecuencia de Actividad Física Vigorosa y Duración de Actividad Física Vigorosa.
 
 
 

Mapa-1. Actividad Física Moderada-Vigorosa

Mapa 2. Frecuencia de Actividad Física Vigorosa

Mapa-3. Duración de Actividad Física Vigorosa

 

 

 
 
 
En el caso de Actividad Física Moderada-Vigorosa (ver mapa-1), se encuentran diferencias significativa y con tamaño de efecto medio (d de Cohen= 0,5) en la relación actividad física y capacidad adquisitiva familiar, en Aragón (FAS alto: 4,17 días a la semana y FAS bajo: 3,17 días a la semana), mientras que en Comunidad Valenciana y La Rioja las diferencias entre adolescentes de FAS alto y bajo en este tipo de ejercicio físico son significativas y con tamaño de efecto entre 0,4 y 0,5 (FAS alto: 4,03 días y FAS bajo: 3,2 días en la Comunidad Valenciana y FAS alto: 4,11 días y FAS bajo: 3,3 días en La Rioja).
 
En el otro extremo, Andalucía, Comunidad de Madrid, Ceuta, Melilla y País Vasco destacan por no mostrar ninguna diferencia entre los adolescentes de diferentes niveles socioeconómicos en el nivel de Actividad Física Moderada-Vigorosa.
 
Respecto a frecuencia de Actividad Física Vigorosa y su relación con la capacidad adquisitiva familiar, la influencia que ejerce la comunidad autónoma se deja ver en alguna de ellas. Como se observa en el mapa-2, las regiones con mayores diferencias (significativas pero con tamaño de efecto medio-bajo) entre los chicos y chicas de FAS alto y bajo en este tipo de ejercicio físico, son Principado de Asturias (FAS alto: 12,05 días y FAS bajo: 8,53 días) y Galicia (FAS alto: 12,09 días y FAS bajo: 8,66 días). Mientras que en Andalucía, Ceuta y Melilla, País Vasco y Comunidad de Madrid las variaciones según el nivel socioeconómico de los adolescentes no llegan a ser relevantes.
 
Por último, en cuanto a la duración de Actividad Física Vigorosa (ver mapa 3), y su relación con la capacidad adquisitiva familiar, se observa como únicamente la Comunidad Valenciana presenta diferencias significativas con tamaño de efecto medio-bajo (FAS alto: 2,13 días y FAS bajo: 1,32 días), mientras que es Andalucía la comunidad que vuelve destacar por no presentar diferencias significativas entre los chicos y chicas de FAS alto y bajo en el tiempo que pasan realizando Actividad Física Vigorosa.
 
 
Discusión de los resultados
 
Los objetivos planteados en este trabajo eran conocer el nivel de actividad física de los chicos adolescentes españoles, diferenciando por sexo, edad y capacidad adquisitiva familiar; así como, comprobar si la relación entre actividad física y nivel adquisitivo de las familias de los adolescentes, presentaba variación entre unas comunidades autónomas y otras.
 
En relación con el primer objetivo, se ha podido demostrar (con una muestra representativa de la población adolescente escolarizada entre los 11 y los 18 años) que el nivel de actividad física de los adolescentes españoles es en general bajo, concretamente tan sólo dicen haberse sentido físicamente activos durante una hora 3,85 días en la última semana (recuérdese que las recomendaciones internacionales establecen como valor apropiado al menos 60 minutos diarios de actividad moderada).
Sin embargo, si se compara este dato con los resultados obtenidos en la pasada edición del estudio HBSC, la del 2002, se encuentra un ligero aumento de la Actividad Física Moderada-Vigorosa tanto comparándolo con los datos nacionales, que mostraban una media de 3,68 días a la semana (Moreno et al., 2005b), como comparándolo con los datos internacionales, cuya media era algo mayor, 3,80 días a la semana (Roberts et al., 2004). En relación a la Actividad Física Vigorosa, la frecuencia con la que los adolescentes españoles realizan esta actividad durante su tiempo libre (actividad que les hace llegar a sudar o que les falte el aliento) presenta una media de 10,83 veces a la semana, durante 1,86 horas a la semana.
 
Las diferencias entre los chicos y las chicas adolescentes en este hábito saludable son muy claras, las chicas realizan ejercicio físico con menor frecuencia que los chicos, apoyando así las conclusiones de otros investigadores (Lasheras et al., 2001; Merino y Aznar, 1999; Moreno et al., 2005b y Motl, Dishman, Ward, Saunders, Dowda, Felton y Pate, 2005), quienes afirman que las chicas se encuentran en una posición desventajada respecto a los chicos, ya que ellas tienen estilos de vida menos activos que ellos.
 
Por otra parte, las variaciones encontradas en relación a la edad, a pesar de mostrar diferencias estadísticamente significativas no llegan a tener un tamaño del efecto apropiado, por lo que no podemos concluir que los adolescentes mayores realicen menos ejercicio físico que los adolescentes más jóvenes, pero sí que los datos apoyan la tendencia demostrada por otros estudios (Sallis, 2000 y Lasheras, Aznar, Merina y López, 2001), especialmente en las chicas. Concretamente, si se comparan estos datos con los encontrados por este estudio en su anterior edición, se encuentra una disminución desde los 11-12 años (con una media de 3,76 días a la semana que decían sentirse físicamente activos) hasta los 17-18 años (con una media de 3,51 días); en esta edición 2006 el descenso con la edad es tres veces mayor, desde los 11-12 años, con una media de 4,25 días, hasta los 17-18 años, con una media de 3,4 días.
 
Una diferencia clara que se encuentra entre los adolescentes más pequeños y los de más edad es la diferencia de género. En todas las edades, los chicos informan de un nivel de Actividad Física Moderada- Vigorosa y de Actividad Física Vigorosa más alto que las chicas, sin embargo esa diferencia va en aumento a medida que los y las adolescentes van creciendo. Por lo tanto, estos datos apoyan los resultados encontrados por otros investigadores, como Moreno, Muñoz, Pérez y Sánchez, 2005a; Perula, Lluch, Ruiz, Espejo, Tapia y Mengual, 1998 y Roberts et al., 2004.
 
Además de los determinantes demográficos comentados hasta el momento, se ha demostrado también la importancia de factores socioeconómicos en el nivel de ejercicio físico en la población general y, más concretamente, durante la adolescencia (WHO/HBSC Forum, 2006). Los expertos coinciden en advertir que son los adolescentes pertenecientes a familias con un nivel socioeconómico bajo los que tendrán un nivel de actividad física menor.
 
En el caso de nuestro país, los resultados encontrados en este artículo no muestran diferencias significativas y con tamaño de efecto medio o alto en la frecuencia o duración de este hábito saludable entre unas comunidades autónomas y otras.
 
Sin embargo, si se analizan con un poco más de profundidad esos datos, los resultados muestran una clara situación de desigualdad. Concretamente, estudiando las diferencias en actividad física entre los diferentes niveles socioeconómicos para cada una de las comunidades autónomas, se encuentran diferencias realmente significativas dentro de algunas regiones.
 
Concretamente, en las comunidades autónomas de Aragón, La Rioja y Comunidad Valenciana, los adolescentes pertenecientes a familias menos pudientes tienen un nivel de Actividad Física Moderada-Vigorosa más bajo que los adolescentes pertenecientes a familias con nivel adquisitivo mayor. Sin embargo, cuando se analiza la frecuencia de Actividad Física Vigorosa, las comunidades que muestran esas diferencias son Galicia y Asturias. Por último, y en relación con el tiempo que pasan a la semana realizando Actividad Física Vigorosa, vuelve a ser la Comunidad Valenciana la región que muestra diferencias entre adolescentes de distinto nivel socioeconómico.
 
Sin embargo, también es oportuno señalar que algunas comunidades autónomas destacan por no mostrar diferencias estadísticamente significativas en el nivel de ejercicio físico que llevan a cabo sus adolescentes asociadas al nivel socioeconómico de sus familias. Estas comunidades son Andalucía, Comunidad de Madrid, Ceuta, Melilla y País Vasco, donde los adolescentes de capacidad adquisitiva familiar baja realizan el mismo nivel de actividad física que los adolescentes de familias más pudientes.
 
Resumen de los resultados de la investigación
 
Los resultados obtenidos por el equipo español del estudio HBSC en 2006 ponen de manifiesto que, en lo que respecta al ejercicio físico durante la adolescencia, se advierten importantes desigualdades que tienen que ver con el sexo (los chicos hacen más ejercicio físico que las chicas), la edad (a medida que crecen disminuye el tiempo dedicado a la actividad física) y las diferencias de origen socioeconómico que se dan en cada comunidad autónoma (en Aragón, Comunidad Valenciana, Galicia, Asturias y La Rioja existen mayores desigualdades sociales en el nivel de actividad física de los adolescentes).
 
Este artículo pone de manifiesto, por lo tanto, la necesidad de llevar a cabo políticas de intervención que promuevan el ejercicio físico en la adolescencia, que sepan mantener los niveles de actividad física recomendados por las directrices internacionales entre los adolescentes de más edad, que consigan implicar a las chicas en este hábito y que estén orientadas a hacer desaparecer las desigualdades de origen socioeconómico que, como se ha demostrado en este trabajo, están especialmente presentes en algunas de nuestras comunidades autónomas.
 
 
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Aplicaçao do Questionario Iinternacional de Atividade Fisica (IPAQ – Versäo Curta) em Comparaçäo com Teste Ergométrico em Adultos Brasileiros E-mail

Autores

 
Renata Furlan Viebig
Mestre em Saúde Pública pela Faculdade de Saúde Pública da Universidade de São Paulo – FSP/USP.
Docente do Centro Universitário São Camilo, São Paulo - SP
 
Renata Furlan Viebig
 
Maria Asunción Pastor-Valero
PhD in Epidemiology London School of Hygiene and Tropical Medicine
Universidade de Londres.
Assessora Técnica da Agência de Avaliação de Tecnologia Sanitária de Andalucía (Espanha)
 
 
Alice Tatsuko Yamada
Doutora em Ciências pela Universidade de São Paulo.
Médica Assistente da Unidade Clínica de Ambulatório Geral do Instituto do Coração (InCor) do HC/FMUSP
 
 
Fernando Araújo
Doutor em Ciências pela Universidade de São Paulo.
Médico Assistente da Unidade Clínica de Ambulatório Geral do Instituto (InCor) do Coração do HC/FMUSP
 
Alfredo José Mansur
 
Livre-Docente em Cardiologia pela Universidade de São Paulo.
Diretor da Unidade Clínica de Ambulatório Geral do Instituto do Coração (InCor) do HC-FMUSP
 

 

Resumo
O presente estudo buscou examinar o nível de atividade física de indivíduos adultos da Região Metropolitana de São Paulo (RMSP) mediante a aplicação do questionário IPAQ-8 e testes ergométricos.Estudaram-se 194 indivíduos, voluntários do Ambulatório Geral do InCor e residentes na RMSP. Aferiram-se características sócio-econômicas, demográficas e de estilo de vida da população. Para avaliar o estado nutricional calculou-se o Índice de Massa Corpórea (IMC). O perfil de atividade física foi avaliado pelo IPAQ-8 e testes ergométricos, analisando-se a concordância entre os dois métodos pelo coeficiente de correlação de Spearman. Foram estudados 61,5% mulheres e 38,5% homens, com idade média de 41,7 anos (mediana=42,6) e 41,0 anos (mediana=43,0), respectivamente. Observou-se que 46,7% dos homens e 49,6% das mulheres apresentavam excesso de peso (IMC≥25Kg/m2). Segundo o IPAQ-8, 8,7% dos indivíduos eram sedentários, 12% insuficientemente ativos e 79,3% ativos. Segundo os testes ergométricos, 51,5% dos indivíduos atingiram uma capacidade de esforço >10 METS, o que significaria ter uma atividade física suficiente para conferir proteção contra doenças cardiovasculares. O coeficiente de correlação de Spearman entre IPAQ e testes de esforço mostrou fraca associação (r=0,1669; p=0,006). A partir da comparação entre resultados da aplicação do IPAQ-8 e dos testes ergométricos, observou-se que o questionário de atividade física estaria superestimando como ativa cerca de 50% da população e, como conseqüência, subestimando de forma importante a população sedentária.Os resultados do estudo mostraram divergência entre os dois métodos empregados, sugerindo que outros estudos devem ser realizados para adaptar e validar o questionário IPAQ-8 em populações brasileiras.
 

Introdução
 
A inatividade física é um dos fatores de risco mais freqüentemente envolvidos na etiologia das enfermidades crônicas não transmissíveis(ECNT), sendo atualmente atribuídas ao sedentarismo mais de 2 milhões de mortes anuais no mundo (Brasil, 2004; Mendonça e Anjos, 2004; Matsudo, Matsudo, Araújo, Andrade, Andrade, Oliveira e Braggion, 2002; PAHO, 2002; Sesso, Paffenbarger e Lee, 2000).
 
Estudos epidemiológicos realizados na última década mostram que a adoção de níveis adequados de atividade física reduz a incidência de ECNT, exercendo efeitos favoráveis para a manutenção do peso corporal, da pressão arterial e dos níveis séricos de lipídeos e glicose (Who, 2004).
As recomendações atuais da Organização Mundial de Saúde e do Ministério da Saúde brasileiro apontam que a prática de pelo menos 30 minutos de atividade física regular, de intensidade moderada, na maioria dos dias da semana reduz os riscos de doenças cardiovasculares, diabetes mellitus e câncer de cólon e mama (Brasil, 2004; WHO, 2004; PAHO, 2002).

Nos países em desenvolvimento, conhece-se muito pouco a respeito dos hábitos de atividade física das populações. A mensuração do nível de atividade física de populações é difícil, pois compreende todas as atividades voluntárias ocupacionais, de lazer, domésticas e de deslocamento realizadas pelos indivíduos, bem como a freqüência, duração e intensidade de execução destas atividades (Matsudo, Araújo, Matsudo, Andrade, Andrade, Oliveira e Braggion, 2001; Marshall e Baumann, 2001).
 
Um dos métodos mais utilizados para acessar o nível de atividade física de populações são os questionários, que embora apresente limitações, como por exemplo a imprecisão nas respostas e os vieses de memória, apresentam baixo custo e facilidade de aplicação, além de coletarem o tipo de atividade e o contexto em que a mesma ocorre (Matsudo, Araújo, Matsudo, Andrade, Andrade, Oliveira e Braggion, 2001; Marshall e Baumann, 2001; Nahas, 1995; Pardini, Matsudo, Matsudo, Araújo, Andrade e Braggion, 1997).
 
O International Physical Activity Questionnaire – IPAQ, foi desenvolvido pela Organização Mundial da Saúde (OMS) em 1998 com o objetivo de realizar um levantamento mundial da prática de atividade física através de um instrumento padronizado (Marshall e Baumann, 2001).
 
Recentemente, a versão curta do IPAQ foi validada no Brasil, utilizabdo-se um sensor de movimento (Computer Science Application) em uma população de voluntários, com idade acima de 12 anos (Matsudo, Araújo, Matsudo, Andrade, Andrade, Oliveira e Braggion, 2001). Os pesquisadores observaram que as formas longa e curta apresentaram reprodutibilidade similar, com preferência dos entrevistados pela forma curta. Os coeficientes de correlação do instrumento frente ao sensor de movimento foram baixos a moderados (r = 0,46 na forma longa e r = 0,75 na forma curta), embora similares aos encontrados em estudos com outros instrumentos.
 
O objetivo deste estudo foi avaliar o perfil de atividade física de uma população adulta DA região metropolitana de São Paulo estimado por meio da aplicação do IPAQ-8, versão curta, comparado ao desempenho dos indivíduos no teste ergométrico.

Método
 
Sujeitos do Estudo
 
A população do estudo foi selecionada dentre os indivíduos adultos que faziam parte do projeto “Avaliação Cardiológica”, que teve início no ano de 1997, na Unidade Clínica de Ambulatório Geral do InCor (Instituto do Coração do Hospital das Clínicas da Faculdade de Medicina da Universidade de São Paulo) (Viebig, Pastor-Valero, Araújo, Yamada, Mansur, 2006; Malerbi, Margarido, Mansur, da Luz e Bellotti, 1993; Yamada, Mansur, Chizzola, 1990). O projeto ”Avaliação Cardiológica” é um estudo longitudinal cujo objetivo é determinar a saúde cardiovascular de indivíduos voluntários, a partir de 18 anos de idade, homens e mulheres, assintomáticos do ponto de vista cardiológico e sem antecedentes de cardiopatia, com exame físico, eletrocardiograma de repouso, radiografia do tórax e ecocardiograma normais.
 
A amostra do presente estudo foi composta por 194 indivíduos convidados, selecionados aleatoriamente do projeto “Avaliação Cardiológica”, em 2002. Os indivíduos concordaram em participar do estudo assinando Termo de Consentimento Livre e Esclarecido.
 
Critérios de inclusão – foram selecionados para o estudo os indivíduos a partir de 20 anos de idade, de ambos os sexos com exame físico, eletrocardiograma, radiografia de tórax, teste ergométrico e ecocardiograma sem alterações.
 
Critérios de exclusão – foram excluídos indivíduos com: a) história de doença cardiovascular ou sintomas cardiológicos; b) doenças crônicas tais como: doença pulmonar obstrutiva crônica, asma, hipertensão arterial, doenças inflamatórias crônicas, doenças osteoarticulares, diabetes, doenças renais, neoplasias e doença de Chagas; c) glicemia de jejum > 140mg/dl documentada em duas ocasiões.
 
 
 
Coleta de Dados
 
Para a caracterização da população estudada, aplicamos um questionário padronizado contendo perguntas sobre o nível sócio-econômico e características de estilo de vida dos participantes, incluindo: escolaridade, renda familiar, hábito de fumar e consumo de bebidas alcoólicas.
 
Foi realizada a avaliação antropométrica dos participantes, na qual o peso atual foi mensurado em balança eletrônica tipo plataforma digital, com capacidade para até 150Kg, com precisão de 100g, com os indivíduos descalços e vestindo roupas leves. A estatura foi tomada através de um estadiômetro portátil do tipo trena, mantendo o indivíduo ereto, com calcanhares juntos e olhar fixo à frente.. As medidas de peso e estatura foram tomadas por três vezes para cada indivíduo, a fim de se obter uma média dessas.
 
Calculou-se, a partir das medidas de peso e altura dos participantes, o Índice de Massa Corpórea (IMC), que corresponde à relação entre peso em quilogramas e o quadrado da estatura em metros: IMC = peso (kg)/altura2 (m2), cujos resultados foram classificados pela Organização Mundial de Saúde (1998).
 
O nível de atividade física dos participantes foi avaliado mediante a aplicação do Questionário Internacional de Atividade Física (IPAQ-8, versão curta) e de resultados de testes de esforço efetuados no InCor.
 
 
Teste de Esforço. O teste de esforço mede as respostas clínicas e hemodinâmicas de indivíduos ao esforço físico, como andar em uma esteira ou pedalar em uma bicicleta estática (SBC, 2002; Ellestad e Wang, 1975).
 
A capacidade de esforço do indivíduo durante o teste ergométrico pode ser medida em múltiplos de equivalentes metabólicos - METS, que representam a quantidade de oxigênio consumido por uma pessoa em repouso, definida como 3,5 mL/minuto/Kg de peso corporal. Para a avaliação do nível de atividade física realizada no teste ergométrico utilizou-se a capacidade de esforço dos participantes medida em METS (Ainsworth, Haskell, Whitt, Irwin, Swartz, Strath, O´Brien, Basset Jr, Schmitz, Emplaincourt, Jacobs Jr, Leon, 2000).
 
No InCor é utilizado o protocolo Ellestad para a condução dos testes ergométricos e para a avaliação da capacidade de esforço (Ellestad e Wang, 1975). Na Tabela-1 são apresentados as etapas seguidas pelo protocolo Ellestad e seus respectivos equivalentes metabólicos.
 
 
Minutos
Km/h
Inclinação da Esteira
METS
0
2.7
10
 
1
2.7
10
 
2
2.7
10
4.0
3
4.8
10
 
4
4.8
10
5.8
5
6.4
10
 
6
6.4
10
8.0
7
8.0
10
 
8
8.0
10
 
 
Tabela-1 – Equivalentes Metabólicos (METS) segundo o Teste de esforço em esteira utilizando o protocolo Ellestad
 
 
 
 
A partir dos resultados obtidos com os testes de esforço, o nível de atividade física dos indivíduos foi avaliado segundo a classificação proposta por Morris, Phillips, Jordan e McHenry (1991) e descrita na Tabela-2, que correlaciona os resultados do teste ergométrico, em METS, com o risco de doença cardiovascular.
 
 
 
Capacidade de Esforço
Risco para Doenças Cardiovasculares
6 METS
Alto
6.1 – 9.9 METS
Moderado
10 METS
Proteção
Tabela-2 – Classificação do risco de doença cardiovascular de
acordo com a capacidade de esforço em METS. (Morris et al, 1991)
 
 
 
 
 
IPAQ-8. O IPAQ é um questionário sobre a duração e a intensidade da atividade física do indivíduo durante uma semana “habitual”, tanto em atividades ocupacionais quanto de locomoção, lazer ou prática esportiva.
 
Para classificar o nível de atividade física dos participantes, examinamos as respostas coletadas pelo IPAQ-8 de acordo as recomendações de Marsahl e Baumann (2001) segundo as quais seriam considerados fisicamente ativos os indivíduos que realizavam ao menos 150 minutos de atividade física semanal por cinco ou mais dias da semana e sedentários os que realizavam menos de 10 minutos diários de atividade física. Os indivíduos que relataram realizar atividade física, mas não alcançaram as recomendações propostas, foram considerados insuficientemente ativos.
 
Para a comparação dos resultados obtidos na aplicação do IPAQ-8 com os testes de esforço, ambos os métodos deveriam estar medidos nas mesmas unidades. Para tanto, as respostas ao questionário foram convertidas em METS, de acordo com o Compêndio de Atividades Físicas(Ainsworth, Haskell, Whitt, Irwin, Swartz, Strath, O´Brien, Basset Jr, Schmitz, Emplaincourt, Jacobs Jr, Leon, 2000)(Tabela-3).
 
 
 
 
 
Tipo ou Intensidade da Atividade
Estimativa em METS
 
Vigorosas
8
Moderadas
4
Caminhada
3,3
Sentado
1,0
 
Tabela-3 – Estimativas para conversão da atividade física diária relatada ao
IPAQ-8 em equivalentes metabólicos - METS. (Ainsworth et al, 2000)
 
 
 
Análise estatística dos dados
 
Para a construção da base de dados e análise dos mesmos foi utilizado o software estatístico STATA (versão 6.0).
 
Primeiramente, as distribuições de todas as variáveis contínuas do estudo foram examinadas para saber se seguiam ou não uma distribuição gaussiana. As informações coletadas referentes às variáveis sócio-econômicas e demográficas como idade, sexo, ocupação, escolaridade, renda, local de nascimento e etnia foram analisados de maneira descritiva atravésdo cálculo de medidas de proporção, tendência central e de variabilidade.
 
A concordância das respostas do IPAQ comparada às informações dos testes de esforço foi realizada mediante o coeficiente de correlação de Spearman, com as informações provenientes de ambos os métodos medidas na mesma unidade, ou seja, equivalentes metabólicos – METS.
 
Finalmente, como parte da análise descritiva da população, foi realizado o teste t de Student para avaliar eventuais diferenças entre homens e mulheres quanto às principais variáveis estudadas, com um nível de significância de 5%.
 
Resultados
 
A amostra do presente estudo foi composta por 194 indivíduos, sendo 119 (61,5%) indivíduos do sexo feminino e 75 (38,5%) do sexo masculino, com idade média de 41,7 anos (mediana=42,6) e 41,0 anos (mediana=43,0), respectivamente.
 
A maioria da população estudada, 75%, foi composta por indivíduos brancos, com 4,5% de negros e 3,5% de orientais. Cerca de 37,5% dos participantes apresentavam o Ensino Médio completo ou Superior incompleto (12 ou mais anos de estudo).
 
Com respeito à ocupação, observou-se que aproximadamente 75% dos homens e 52% das mulheres eram trabalhadores ativos. Cerca de 15% dos homens e 25% das mulheres relataram estarem desempregados.
 
Com relação ao estilo de vida dos participantes, observou-se que os fumantes atuais constituíam cerca de 30% dos homens e 17% das mulheres (p=0,034), sendo 21% dos indivíduos de ambos os sexos ex-tabagistas. Mais da metade dos participantes, 49% dos homens e 62% das mulheres, nunca fumaram. Foi observado um aumento estatisticamente significativo da prevalência de tabagismo de acordo com o aumento da idade (teste de chi quadrado X2=10,82; p=0,013).
 
A maioria dos indivíduos de nossa população relatou que não consumia bebidas alcoólicas habitualmente, sendo que cerca de 41% dos homens as consumiam de 1 a 2 vezes por semana e 58% das mulheres só as ingeriam em ocasiões especiais.
 
A população estudada apresentou um índice elevado de sobrepeso e obesidade que aumentava de acordo com a faixa etária (p=0,011). Os valores médios de IMC encontrados foram de 25,0Kg/m2 (mediana=24,2) para homens e de 25,4Kg/m2 (mediana 24,8) para mulheres. A avaliação do IMC, segundo os parâmetros propostos pela OMS (1997), mostrou que 53,3% dos homens e 50,4% das mulheres eram eutróficos e cerca de 36,4% dos homens e 35,2% das mulheres estudados encontravam-se com sobrepeso, não havendo, na população de estudo, nenhum caso de obesidade grau III ou mórbida. O IMC não se associou ao sexo e nem ao nível sócio-econômico dos participantes.
 
A análise do nível de atividade física, avaliado segundo as respostas ao questionário IPAQ-8, mostrou que 8,7% dos indivíduos estudados foram considerados sedentários (não realizam nenhuma atividade física semanal), 12% eram insuficientemente ativos e 79,3% puderam ser classificados como ativos (cumpriam ao menos 5 dias/semana de atividade física com duração mínima de 30 minutos por dia). Não foram encontradas diferenças estatisticamente significativas entre atividade física e sexo, faixa etária, renda e IMC.
 
Com relação aos resultados dos testes de esforço, observou-se que a capacidade de esforço média foi de 10,0 METS (mediana=11,2) para os homens e 9,1 METS (mediana=9,02) para as mulheres (p=0,008).
 
Na Tabela-4, observa-se que 60,8% dos homens e 45% das mulheres atingiram uma capacidade de esforço maior ou igual a 10 METS, o que levaria a classificar a estes indivíduos como fisicamente ativos, obtendo proteção contra doenças cardiovasculares.
 
 
 
Capacidade de Esforço
Sexo
 
Masculino
N (%)
Feminino
N (%)
Total
N (%)
Alto Risco < 6 METS
7 (9,5)
19 (15,8)
26 (13,4)
Risco Moderado 6-10 METS
22 (29,7)
47 (39,2)
69 (35,6)
Proteção > 10 METS
45 (60,8)
  1. (45,0)
99 (51,0)
Total
74 (100,0)
120 (100,0)
194 (100,0)
 
Tabela-4 – Distribuição da população de acordo com a classificação de Morris et al (1991) relacionando
a capacidade de esforço no teste ergométrico com o risco de doença cardiovascular. InCor, São Paulo, SP, 2002.
 
 
 
Diferente do encontrado na aplicação do IPAQ-8 houve diferença estatisticamente significativa dos resultados do teste de esforço entre sexos (p=0,008), idade (p=0,011) e IMC (p<0,001), sendo que a medida em que o IMC aumentava, diminuíam significativamente os METS alcançados no exame. Não encontramos diferenças estatisticamente significativas entre escolaridade, atividade física e renda.
 
A concordância entre as respostas ao IPAQ-8 convertidas em METS e os testes de esforço foi examinada mediante o coeficiente de correlação de Spearman, que mostrou uma fraca associação positiva que alcançou significância estatística r=0,1669 (p=0,006). O coeficiente de correlação de Spearman entre IPAQ e os testes de esforço não se modificou com o ajuste por idade, IMC, tabagismo e consumo de álcool. Quando observadas as correlações separadamente para homens e mulheres, verificou-se que a correlação parcial para o sexo feminino mostra-se mais fraca que para o sexo masculino (r=0,1007; p=0,2740).
 
Diante da fraca concordância encontrada entre os dois métodos e com o intuito de conhecer comoos dois métodos classificavam a atividade física dos indivíduos, comparamos os resultados dos dois instrumentos, em detalhes. Na Tabela 6, observa-se a distribuição da população estudada de acordo com os resultados dos testes de esforço e da aplicação do IPAQ, classificando-se o nível de atividade física de acordo com Marshall e Baumann (2001).
 
A Tabela-5 mostra a discordância entre os resultados do IPAQ-8 e os testes ergométricos. A maioria dos indivíduos que os testes de esforço identificaram com alto risco de desenvolver doença cardiovascular (73%), ou com risco moderado (81%), foram classificados a sua vez como ativos pelo questionário IPAQ-8. De acordo com esta comparação, o questionário estaria superestimando de forma importante os indivíduos ativos da população.
 
 
 
 
 
Teste Nível de Atividade Física – IPAQ
de Esforço
Ativo Insuf. ativo Sedentário Total
N % N % N % N %
Alto risco 19 (73,1) 4 (15,4) 3 (11,5) 26 (100,0)
Risco moderado 56 (81,2) 7 (10,1) 6 (8,7) 69 (100,0)
Proteção 79 (79,8) 12 (12,1) 8 (8,1) 99 (100,0)
Total 154 (79,4) 23 (11,9) 17 (8,7) 194 (100,0)
 
Tabela-5 – Distribuição da população estudada de acordo com os resultados da aplicação do questionário
IPAQ e dos testes de esforço. Ambulatório Geral do InCor. São Paulo, SP, 2002
 
 
 
Por outro lado, observa-se que 8% dos participantes classificados como sedentários pelo IPAQ apresentariam, segundo o teste ergométrico, uma capacidade de esforço ≥10 METS, o que representaria uma proteção contra as doenças cardiovasculares.
 
Discussão
 
População estudada
 
A população do presente estudo, em geral, apresentou características muito similares à população do município de São Paulo, segundo os dados do último Censo do Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística – IBGE (2002), especialmente com relação às distribuições de idade, sexo e grupo étnico. Porém, os participantes do estudo apresentaram um nível sócio-econômico e de escolaridade ligeiramente superior ao reportado pelo IBGE.
 
Os pacientes de nosso estudo foram selecionados de forma aleatória, a partir dos pacientes que procuravam voluntariamente o programa de check-ups cardiológicos do Ambulatório Geral estudado. O caráter voluntário de participação de nossa população poderia explicar um nível sócio-econômico superior ao referido pelo IBGE, pois as pessoas que voluntariamente preocupam-se em ter seu estado de saúde avaliado por meio de um check-up seriam, em princípio, indivíduos com nível sócio-econômico-cultural superior e com maior acesso a melhor informação.
 
Nossa população foi formada por indivíduos que buscavam, de forma voluntária, um serviço médico para avaliação cardiológica preventiva e, portanto, podem ser pessoas com maior preocupação em relação à saúde, o que poderia levar a uma menor proporção de fumantes. Este fenômeno é conhecido em epidemiologia como “Healthy Effect” dos voluntários.
 
Quanto ao estado nutricional dos participantes do estudo, observou-se que a prevalência do excesso de peso encontrada (IMC ≥ 25Kg/m2) está de acordo com estimativas para a prevalência do excesso de peso no país, de 57,5% de homens e 44,9% de mulheres com algum grau de sobrepeso ou obesidade, no ano de 2005 (Conde, Levy-Costa, Monteiro, 2002; Monteiro e Conde, 2000).
 
 
IPAQ-8
 
O nível de atividade física da população mensurado pelo IPAQ-8 neste estudo revelou que a maioria dos indivíduos entrevistados são fisicamente ativos.
 
Os pacientes de nosso estudo foram selecionados de forma aleatória, a partir dos pacientes que procuravam voluntariamente o programa de check-up cardiológico do InCor. O caráter voluntário de participação de nossa população poderia explicar um nível elevado de atividade física nessa população pelo IPAQ-8, pois as pessoas que voluntariamente preocupam-se em ter seu estado de saúde avaliado por meio de um check-up seriam indivíduos com uma maior preocupação com a qualidade de vida.
 
Por outro lado, o número de pessoas classificadas como sedentárias pelo IPAQ, foi de 8,7%, muito inferior aos resultados encontrados em estudo realizado com adultos da Região Metropolitana de São Paulo (Cervato, Mazzili, Martins, Marucci, 1997), que utilizou um questionário com cinco perguntas e encontrou 39% de inativos. Outro estudo encontrou uma prevalência de 60% de sedentários dentre funcionários de um banco estatal do município do Rio de Janeiro, utilizando outro questionário e definindo como ponto de corte para sedentarismo a atividade física com duração inferior a 20 minutos e freqüência menor que 2 vezes por semana (Chor, 1997).
 
Em estudo realizado nas regiões nordeste e sudeste do Brasil, com a utilização de um questionário contendo seis questões, foi observado que apenas 3,5% dos indivíduos da região Sudeste realizavam a atividade física recomendada de no mínimo 30 minutos e freqüência de 5 vezes/semana e 64,8% dos participantes foram considerados sedentários. Este estudo somente levou em consideração apenas as atividades recreacionais e práticas esportivas realizadas no tempo livre dos participantes, o que pode ter superestimado os inativos em até 20% (Monteiro, Conde , Matsudo, Matsudo, Bonseñor, Lotufo, 2003). Em nosso estudo, a aplicação do IPAQ coletou informações sobre atividades ocupacionais e domésticas que foram computadas para a classificação do nível de atividade física.
 
Quando comparamos nossos achados com os resultados de um recente estudo realizado para analisar o nível de atividade física de indivíduos de 29 cidades do Estado de São Paulo, que utilizou o IPAQ-8, observamos que os autores encontraram uma prevalência de sedentários ainda menor do que a observada em nosso estudo, de aproximadamente 6% na Região Metropolitana de São Paulo, utilizando os mesmos pontos de corte (Matsudo, Araújo, Matsudo, Andrade, Andrade, Oliveira e Braggion, 2001).
 
 
Testes de esforço
 
A proporção de pessoas sedentárias encontradas pelos testes ergométricos (39% dos homens e 55% das mulheres) foi muito superior ao encontrado pelo IPAQ-8 (12% dos homens e 15% das mulheres).
 
Não foram encontrados outros estudos brasileiros que utilizassem os resultados de testes ergométricos em termos de equivalentes metabólicos (METS), como preditores de doenças cardiovasculares.
 
 
IPAQ-8 contra Testes de esforço
 
Escassos estudos buscaram validar questionários sobre atividade física por meio de comparação com resultados de testes de esforço. Mezzani e Giannuzzi (2000), em uma revisão a respeito de métodos para a determinação do nível de atividade física de indivíduos, sugerem que as medidas obtidas em testes de esforço sejam em termos de freqüência cardíaca, consumo máximo de oxigênio ou METS, poderiam ser importantes indicadores do nível de atividade física cotidiano.
 
Oka, Stotts, Dae, Haskell e Gortner (1993), avaliaram o nível de atividade física de indivíduos por meio de um questionário proposto por Hlatky, Boineau, Higginbotham, Lee, Mark, Califf, Cobb e Pryor (1989), o DASI – Duke Activity Status Index. Os autores encontraram um coeficiente de correlação de 0,81 entre as respostas ao questionário e o consumo máximo de oxigênio durante o teste ergométrico em esteira.
 
No presente estudo, houve clara divergência entre a classificação do nível de atividade física mensurado pelo IPAQ e a capacidade de esforço medida pelo teste ergométrico. Pelo IPAQ-8, somente 8,7% dos indivíduos seriam classificados como sedentários frente a 48,5% classificados pelos testes de esforço, ou seja, 79,4% dos participantes foram considerados ativos pelo IPAQ, em contraposição a 51,5% pelos testes de esforço.
 
O questionário de atividade física poderia estar superestimando como ativa cerca de 50% da população e, como conseqüência, subestimando de forma importante a população sedentária em nosso estudo.
 
A medida adequada da atividade física de populações tem se tornado um assunto que envolve cada vez mais o interesse de pesquisadores em todo o mundo e especialmente nos países em desenvolvimento, onde pouco se conhece, atualmente, sobre o nível de atividade física das populações, seja por falta de estudos específicos ou pela utilização de metodologias inadequadas.
 
A realização de estudos para aferição do nível de atividade física de populações brasileiras é de extrema importância e para isso, um método adequado a ser empregado seria um método objetivo que mensurasse a atividade física dos indivíduos continuamente. Porém, estes métodos são de difícil implementação e apresentam um alto custo, o que limita seu emprego em estudos epidemiológicos.
 
O presente estudo mostra uma importante divergência entre os dois métodos utilizados para avaliar a atividade física dos participantes. Segundo o IPAQ-8, a população adulta avaliada parece ser pouco sedentária. Porém, de acordo com os resultados dos testes de esforço, uma parcela considerável dos indivíduos estaria em risco cardiovascular levando-se em consideração seu desempenho durante o exame. Em conclusão, os resultados da aplicação do IPAQ-8 em nossa população sugerem que mais estudos devem ser realizados para adaptar o questionário em populações brasileiras.
 
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Efectos del Pirofosfato de Tiamina sobre la Presión Arterial en Atletas que Practican una Actividad Aeróbica E-mail
Autores
Autores del artículo
Clemente Vásquez
 
Centro Universitario de Investigaciones Biomédicas
Universidad de Colima. México
Clemente Vásquez
Víctor Manuel Bautista-Hernández
Víctor Manuel Bautista-Hernández
 
Facultad de Medicina
Universidad de Colima. México
Raúl López-Ascencio
 
Facultad de Medicina
Universidad de Colima. México
Raúl López-Ascencio
Mario del Toro-Esquina
Mario del Toro-Equihua
 
Facultad de Medicina
Universidad de Colima. México

 

 

Introduction

En el ejercicio el mecanismo de adaptación de la presión arterial es de gran importancia. La respuesta cardiovascular aguda se caracteriza por un incremento del consumo de oxígeno a expensas de la frecuencia cardiaca, predominantemente (Astrand y Rodahl 1992), y, en menor cuantía, del volumen de eyección ventricular. A medida que el ejercicio dinámico se va realizando, la frecuencia cardiaca y el volumen de eyección van paulatinamente aumentando hasta llegar a un máximo en el que se estabilizan (Lamb 1978). El volumen de eyección se estabiliza antes que la frecuencia cardiaca, debido a que la taquicardia supone un acortamiento de la diástole y, por lo tanto, un menor volumen de llenado diastólico, dando como resultado un aumento de la presión arterial sistólica durante el ejercicio dinámico, pero no suele superar los 220 mm Hg (López Chicharro y cols. 1998). La presión arterial diastólica se modifica poco (no varía, o aumenta o disminuye discretamente) y la presión arterial media sólo se eleva ligeramente, siendo raro que supere los 120 mm Hg. La respuesta de la tensión arterial, sin embargo, depende de ciertos factores (Rodríguez 1992).
 
El pirofosfato de tiamina (PPT) es la forma fisiológicamente activa de la Tiamina (vitamina B1), éste es esencial como componente nutricional, dando lugar a dos procesos de gran importancia. Por un lado, al metabolismo de los carbohidratos (Murray 1998; McArdle y Katch 1996), participando como cofactor de tres enzimas; la piruvato deshidrogenasa, la alfa-cetoglutarato deshidrogenasa y la transacetolasa. La piruvato deshidrogenasa es un complejo multienzimático, donde bajo ciertas condiciones anaeróbicas descarboxila al piruvato hasta Acetil – CoA. El PPT participa dentro del ciclo del ácido cítrico en la descarboxilación de alfa-cetoglutarato hasta succinil-CoA, favoreciendo la oxidación de la glucosa para obtener ATP (Marcus y Coulston 2001, Strumilo y cols. 1999). Por otro lado, la Tiamina activa al complejo de la guanilato ciclasa / Guanosin Monofosfato cíclico (GMPc), pero no a la adenilato ciclasa (Baumgartner 1991).
 
Por otro lado, existen evidencias, que el Oxido nítrico (ON) activa a la guanilato ciclasa soluble en las células, produciendo GMPc, que a su vez actúa como mediador de la relajación del músculo liso vascular (Ganong 1996), tomando en consideración este último evento, cabría la posibilidad de que el PPT a través de la activación de la guanilato ciclasa / GMPc (como se mencionó antes), pudiese participar como mediador para la relajación de músculo liso vascular y con ello favorecer la disminución de la presión arterial, como se ha descrito previamente (Bautista-Hernández y cols. 2005; Pugh 1970).
 
El objetivo del presente trabajo es estudiar el efecto de la administración de PPT en atletas que practican una actividad aeróbica. Este trabajo es pertinente en esta población como una observación fisiológica, ya que la presión arterial elevada idiopática o primaria es una entidad patológica, además, hasta donde tenemos conocimiento, no existen reportes sobre la utilización del PPT en atletas que practiquen una actividad aeróbica, buscando modificar la presión arterial durante la actividad física.
 
 
MaterialMaterial y Método
 
Se realizó un ensayo clínico doble ciego cruzado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Colima, México. Participaron veintisiete atletas entre 18 y 25 años de edad que realizaban una actividad aeróbica de manera regular. Las personas que presentaban cualquier alteración física, mental, emocional, psiquiátrica, arritmias cardiacas o cambios electrolíticos no participaron en el estudio. Todos los participantes firmaron una carta de consentimiento informado bajo la aprobación del Comité de Ética de la Universidad de Colima, en acuerdo a las normas internacionales formuladas en la declaración de Helsinki en 1964 (revisado en el 2000).
 
Una vez que los participantes fueron seleccionados, se les administró por vía intravenosa solución placebo o PPT en dos fases con un periodo de latencia entre cada fase de 30 días, como sigue:
 
Fase uno
 
La solución placebo consistió en 80 ml de solución salina isotónica al 0.9 % de NaCl (Laboratorios PISA de México, S.A.) y la solución de tratamiento que consistió en 80 ml de solución salina isotónica de NaCl más 1 mg /Kg peso de PPT (Investigaciones Filosóficas y Científicas, S.A. de C. V. de México) (Bautista-Hernández y cols. 2005). Estas fueron administradas por vía intravenosa con un tiempo de administración de 60 minutos para cada persona. El PPT fue disuelto previamente en agua bidestilada estéril, obteniéndose una solución madre con una concentración de 40 mg/ml, donde el volumen de agua bidestilada utilizado para este procedimiento fue adicionado en igual cantidad a la solución placebo. Veinticuatro horas después, los sujetos participantes fueron sometidos a un ejercicio físico utilizando el método de Pugh modificado (Pugh 1970). El ejercicio fue realizado por etapas, utilizando una banda sin fin con una elevación de 1 grado (el cual simula la resistencia al viento a campo abierto) con una velocidad inicial de 4 km/h y una duración de 3 minutos por etapa, con incremento en cada etapa de 2 km hasta llegar al final de la prueba (16 km/h). Donde la presión arterial fue medida antes y después de la aplicación del protocolo de Pugh modificado.
 
Fase dos
 
Esta fase fue desarrollada 30 días después de la fase 1 (periodo de lavado del PPT). Las personas que se les administró placebo en la fase 1 ahora recibieron PPT y viceversa. El protocolo de ejercicio y la medición de la presión arterial fue exactamente igual que en la fase 1.
 
Determinación de la presión arterial
 
La presión arterial se determinó antes y al final del protocolo de Pugh modificado, mencionado con anterioridad, mediante un esfigmomanómetro electrónico colocado en la muñeca izquierda del sujeto, procediéndose a cuantificar las variables y registrar los resultados.
 
Análisis estadístico

Para obtener datos estadísticos descriptivos se utilizaron la media, la desviación estándar y la varianza. Para estadística inferencial, se utilizó la prueba t de Student pareada e intervalos de confianza del 95 %. La diferencia fue considerada significativa cuando p < 0.05 (Dawson-Saunders y Trapp 1997 a; Dawson-Saunders y Trapp 1997 b).
 
ResultadosResultados
 
Dentro de nuestro proyecto de investigación participaron un total de 27 sujetos que cumplieron con los criterios de inclusión, cuyos datos demográficos se presentan en la Tabla-1
 
 
 
 
Tabla I
Variable
Promedio
Desviación estándar
Edad
20
1.79
Peso
64.5
6.3
Estatura (cm)
1.70
0.05
Tabla-1
 
Se puede apreciar que son sujetos jóvenes, con peso adecuado y acorde a su edad y la talla uniforme en el grupo.
 
 
Presión sistólica basal
 
La Figura-1, muestra los resultados obtenidos durante el registro de la presión arterial sistólica basal en ambos grupos de estudio.
 Figura 1
Figura 1. Los valores de la presión arterial sistólica basal con la solución placebo fueron de 125+3.3 mm/Hg (barra 1); en tanto que con PPT fueron de 119+2.7 mm/Hg (barra 2) con una p = 0.07. Las variaciones corresponden al intervalo de confianza del 95%.

 
Presión diastólica basal
 
La Figura-2, muestra los resultados obtenidos durante el registro de la presión arterial diastólica basal en ambos grupos de estudio.
 Figura 2
Figura-2. Los sujetos presentaron después de la aplicación de la solución testigo valores de 77+1.9 mm/Hg (barra 1); mientras que con la solución de prueba (PPT) fueron de 80+2.1 mm/Hg (barra 2) con una p = 0.17. Las variaciones corresponden al intervalo de confianza del 95%.
 
 
 
Presión sistólica post-ejercicio
 
La Figura-3, muestra los resultados obtenidos durante el registro de la presión arterial sistólica, posterior a la realización del ejercicio en ambos grupos de estudio.
 Figura 3
 
Figura-3. La exposición a la solución testigo presentó un valor de 138+4.0 mm/Hg (barra 1); mientras que con la solución de prueba (PPT) fueron de 117+2.8 mm/Hg (barra 2) con una p = 0.000009 Las variaciones en las barras corresponden al intervalo de confianza de 95%.
 
 
 
Presión diastólica post-ejercicio
 
La Figura-4, muestra los resultados obtenidos durante el registro de la presión arterial diastólica, posterior a la realización del ejercicio en ambos grupos de estudio.
 Figura 4
Figura-4. La exposición a la solución testigo presentó un valor de 73.0+2.3 mm/Hg (barra 1); mientras que con la solución de prueba (PPT) fueron de 71.0+2.5 mm/Hg (barra 2) con una p = 0.36 Las variaciones en las barras corresponden al intervalo de confianza de 95%.
 
Efectos secundarios. Se presentaron molestias locales como ardor en el sitio de la punción únicamente en tres sujetos.
 
Observaciones adicionales. 26 de los sujetos manifestaron una sensación de euforia o bienestar posterior a la administración de pirofosfato de tiamina, y mencionan sentirse más fuertes con menos datos de fatiga hacia el final del la prueba realizada en presencia de ésta (Bautista-Hernández y cols. 2005).
 
 
 
DiscusiónDiscusión
 
La presión arteria sistólica y diastólica, además de la frecuencia cardiaca aumentan bruscamente con un esfuerzo isométrico sostenido con el 15% de la contracción voluntaria máxima o más. Habitualmente no hay un estado estacionario en estas funciones, sino un aumento gradual hasta el final de la contracción. La presión arterial aumenta más o menos linealmente con la fuerza desarrollada en un grupo muscular dado. Cuando mayor es la masa involucrada, mas pronunciada es la respuesta de la presión y la frecuencia cardiaca (Burke 1998; Gilman 1996). Sin embargo, en el presente trabajo de investigación, registramos una disminución, estadísticamente significativa para la presión sistólica post-ejercicio (p = 0.000009) en presencia de PPT, con igual carga de trabajo.
 
En 1981, Romanenko y cols., describieron la relajación del músculo liso de cobayo por pirofosfato de tiamina y la presencia de un receptor a vitamina B en la membrana de dicho músculo (Romanenko y cols. 1981). Con evidencias actuales, la posible explicación a este cambio parece estar en relación con el complejo de la guanilato ciclasa / GMPc. En otro tipo de eventos clínicos se ha logrado demostrar que la tiamina es capaz de activar este complejo y con ello lograr un efecto antinociceptivo, donde el GMPc participa como disparador de la arginina / Oxido nítrico / GMPc, tanto a nivel central como periférico (Abacioglu y cols. 2000).
 
Por lo tanto, la leve, pero significativa disminución de la presión arterial sistólica observada durante el post-ejercicio en el presente trabajo, se explicaría por que el PPT al activar el complejo guanilato ciclasa / GMPc, generaría un incremento de GMPc, y con ello una relajación del músculo liso vascular, lo que disminuiría la resistencia vascular periférica.
 
Estudios posteriores podrían realizarse en otros tipos de actividad física para contrastar los resultados obtenidos en el presente trabajo.
 
 
Conclusión
 
Con la administración del pirofosfato de tiamina a dosis de 1 mg/kg de peso por vía intravenosa, no existió una diferencia significativa en los valores de la presión diastólica, tanto en reposo como post-ejercicio, sin embargo, la presión sistólica fue significativamente menor en el post-ejercicio.
 
 
 
Referencias bibliográficas
 
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Curiosidades

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