Facebook Fanbox 1.5.x.0
Inicia sesión con Facebook

Acceso a Red CyD



 

Recuerdos de California (I). Davis, Mont Hubbard y los vinos andaluces. PDF Imprimir E-mail

Sevilla, Octubre de 2008

Me considero una persona afortunada. El año pasado tuve la suerte de pasar unas vacaciones de cuatro meses en Davis (California), con motivo de una estancia de mi mujer en la sede de la Universidad de California en dicha ciudad.

Davis está situada en el centro de California, a quince minutos en coche de la capital del Estado, Sacramento, y a una hora aproximadamente de San Francisco. Cuando llegamos a primeros de Septiembre hacía bastante calor y eso confirmaba la información previa de que el clima era muy similar al de Sevilla.

Al principio tuvimos grandes dificultades para encontrar una vivienda. Como todo momento malo no puede durar indefinidamente, al fin conocimos a una pareja estadounidense de jubilados, Wil y Jo Lynn, que alquilaban su casa porque volvían a su estado de nacimiento, Louisiana. Esta pareja, con quien tuvimos la oportunidad de compartir la casa durante una semana, resultó ser encantadora y mantenemos contacto con ella vía e-mail. Nos han  prometido hacernos una visita en la próxima Feria de Sevilla porque les encantó el ambiente de la misma y sobretodo ?las casetetas?, como Wil llamaba a las casetas, tras enseñarles múltiples fotos por Internet.

image001-1

Nuestra casa de Davis

La vivienda era la típica casa americana de una sola planta, con un jardín pequeño delantero y otro grande trasero, ambos con un césped muy cuidado. Las habitaciones eran muy amplias y la cochera, como suele ser habitual, era más bien un taller y almacén de herramientas y aparatos varios. A nuestra disposición quedaron varias bicicletas que nos resultarían a la postre, sobre todo a mí, muy útiles.

image002-1

Cochera-taller de nuestra casa de Davis

image003-1

Rafa, perdón, Salva y Lucía despidiéndose en nuestra casa

Davis es una ciudad cuyo centro de gravedad es el campus universitario, tiene aproximadamente unos cien mil habitantes y más árboles y bicicletas que personas. Es muy llana, lo que permite que la mayor parte de los estudiantes se trasladen en bici tanto por el campus como por el conjunto de la ciudad.

image004-1

Aparcamiento de bicis en el campus de Davis

Davis a pesar de no tener monumentos de interés, por ser muy joven, tiene el atractivo de tener muchísimos árboles por todos lados. En el campus, de forma especial, se ven en cualquier momento ardillas por cualquier lado, a pocos metros de los transeúntes, e incluso conejos cerca de los edificios universitarios. La gente es muy amable y servicial. Hay una comunidad de origen mejicano muy grande, por lo que es muy frecuente encontrar personas que hablan español en cualquier institución; allí nunca nos legamos a sentir del todo extranjeros.

Un determinado día recibí la respuesta al e-mail que le escribí al prestigioso profesor Mont Hubbard, del departamento de Biomecánica Deportiva de la Escuela de Ingeniería, solicitándole copias de algunos de sus artículos, sobre Biomecánica e Ingeniería del Baloncesto, que eran difíciles de conseguir por otro medio. Me comunicaba que podía ir a recogerlos al día siguiente, entre la 1 y las 2 de la tarde, a su despacho. Con tiempo suficiente y, como era mi costumbre, monté en la bici, después de poner en una bolsa dos botellas de vino: una de manzanilla de Sanlúcar y otra de un oloroso de Jerez con la esperanza de que le gustasen y las aceptase como regalo por su amabilidad. El día, algo excepcional, resultó ser bastante lluvioso pero nada frío.

Justo cuando llegaba al edifico de la universidad subí por la acera para dirigirme a uno de los aparcamientos de bicis que había en la misma puerta. En ese momento arreció la lluvia y con una mano me ajusté la capucha del chubasquero que llevaba, con tan mala fortuna que la bici patinó y me golpeé la mano izquierda con la fachada, cuya superficie era bastante rugosa. Mi único pensamiento fue desear que las botellas no se hubiesen roto. Hubo suerte y permanecieron intactas. Ya sólo era cuestión de subir unas escaleras hasta el primer piso. El profesor Hubbard me recibió de forma muy educada y agradable y en absoluto dio muestras de tener prisa para seguir atendiendo sus asuntos después de darme los artículos. Le ofrecí las dos botellas de vino y me lo agradeció con la suficiente expresividad como para estar seguro de que sabría apreciarlos y saborearlos. De pronto me miró algo sobresaltado señalando mi mano sangrante de la que ya me había olvidado; me ayudó a curarla, recurriendo a un pequeño botiquín que tenía en su despacho.

image005(1)

El profesor Mont Hubbard

Tras estar una hora aproximadamente conversando con él sobre la revista que edito, de la que tradujo al inglés algunos párrafos de algunos artículos sobre biomecánica, me dijo que en Junio próximo asistiría a un Congreso de la asociación que presidía, International Sports Engineering Association (ISEA), en Biarritz, en el sur de Francia. Me habló de la posibilidad de aprovechar esa oportunidad para venir a España. Por supuesto que le invité. Dado que yo tenía prisa por tener otra cita quedamos en continuar hablando a la mañana siguiente. Así hicimos. Me alegró cerciorarme de que ambos vinos les habían gustado mucho,  tanto a él como a Lyn, su mujer.

La marca que me dejó la herida en la mano, en la que consideré una primera ronda con vinos andaluces, ha quedado como recuerdo del inicio de una buena relación. La segunda ronda tuvo lugar en Junio pasado en Sevilla y otros lugares de Andalucía. De ésta y de gastronomía hablaremos otro día. De momento les adelanto que el matrimonio Hubbard ha sabido apreciar como pocos la calidad de nuestros platos y nuestros vinos, así como la hospitalidad de nuestra tierra. Seguro que volverán, lo cual viniendo desde tan lejos es muy, pero que muy significativo. Desde Sevilla, recordando los buenos momentos pasados en Davis y los días de turismo por algunos rincones de Andalucía en su compañía, brindo por ellos y nuestra incipiente amistad con una copa de manzanilla. ¡ Qué menos, digo yo !

 
Wilkon IT