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El blog de Antonio R. García Torres

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El blog de Pepe Lorente

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Fernández Aguilar, Eugenio Manuel
Profesor de Física

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Los deseos de los jóvenes, el estado vegetativo y la eutanasia PDF Imprimir E-mail

Acabo de leer una cita de Daniel Pennac (El Periódico de Catalunya, 12 / 9 / 08) que reproduce la revista Trabajadores de la Enseñanza en su número de Octubre. Como profesor crítico que me considero me identifico plenamente con ella. Dice así:
 
Vivimos en una sociedad entre el deseo y la necesidad. Los profesores se dirigen a las necesidades –leer, escribir, razonar– y el resto de la sociedad se contenta con satisfacer sus deseos superficiales: la ropa, el móvil, el ordenador.”
 
Jóvenes
 
 
No paro de reírme porque me recuerda un chiste que me mandó hace algunos días mi amiga Mari Carmen Moreno, profesora de Psicología de la Universidad de Sevilla. Lo copio tal cual:
     
>> Anoche mamá y yo estábamos sentados en la sala hablando de las muchas cosas de la vida... entre otras... estábamos hablando del tema  de vivir/morir.

>> Le dije: 'Mamá, nunca me dejes vivir en
estado vegetativo, dependiendo de máquinas y líquidos de una botella. Si me ves en ese  estado, desenchufa los artefactos que me mantienen vivo. PREFIERO  MORIR'.
 
>> Entonces, mi mamá se levantó con una cara de admiración... Y me desenchufó el televisor, el DVD, la TV por cable, Internet, el PC ,  el mp3/4, la Play-2 , la PSP, la Wii, el teléfono fijo, me quitó el  móvil, la ipod, el Blackberry y me tiró todas las cervezas.

>> ¡¡La madre que la parió!!...¡¡¡¡CASI ME MUERO!!!!
 
Si este chiste nos hace gracias es porque ilustra la forma de vida de nuestra juventud, en una época que muchos sociólogos llaman Postmodernidad. Creo que los chistes son un instrumento utilísimo que ayuda a una reflexión crítica sobre nuestra sociedad. De ello dan muestra los inigualables chistes gráficos de El Roto.
 
Nota: Desde aquí envío un abrazo a mi amiga Mari Carmen Moreno y a su marido Paco Medina.

 
Pau Gasol, la siesta y las señoritas de compañía PDF Imprimir E-mail

 

Como buen andaluz tengo la costumbre de dormir la siesta, aunque sean sólo veinte minutos en el sofá, con el televisor encendido. Es muy desagradable, en ese momento, que te despierte el timbre chillón y tener que levantarte a coger el teléfono. La mayoría de las veces son chicas que pretenden vender cualquier cosa: una tarjeta de crédito, un nuevo servicio telefónico o cualquier cosa para el hogar. Supongo que llamarán antes por la mañana, lógicamente en horas de oficina, pero que al no haber nadie en casa insisten en las primeras horas de oficina de la tarde, pero, casualidades de la vida: coinciden con mis horas de siesta. En fin, ya me he ido acostumbrando y mi respuesta suele ser negativa; más después de que algunos contratos acordados por teléfono, sin ver la letra pequeña, me hayan salido rana. Nada diferente de lo que tienen que soportar la mayoría de los ciudadanos por otra parte.
Hace varias tardes-noches leía, por Internet, un artículo atrasado sobre el sexto y definitivo  partido de la pasada final de la NBA, entre los  Angeles Lakers y los Boston Celtics, y me llamó la atención la opinión del entrenador de Los Lakers, Phil Jackson, quien criticaba a  Pau Gasol por su falta de agresividad en el encuentro. Hombre, puesto a opinar, creo que Pau tampoco tiene los kilos y la corpulencia de su hermano Marc y sus movimientos son más ágiles e inteligentes que duros. En cuanto a la actitud competitiva nunca puede reprochársele nada.
En ese momento sonó el teléfono y una chica con acento argentino inconfundible me preguntó si yo era el Sr. Ramón. Su forma de llamarme era totalmente extraña, ya que Ramón es mi segundo nombre y no apellido. Sus palabras me daban  a entender que pretendía vender algo por catálogo por lo que, sinceramente, no presté mucha atención ya que le diría que no me interesaba, y seguí enfrascado en mis pensamientos en presencia de mi mujer y mi hija.

Phil Jackson

Modelo de un catálogo

Pau Gasol en un partido de L. A.  Lakers
Algo me llamó la atención que no capté del todo y le pregunté a la señorita al teléfono sobre lo que vendía; me dijo: “…eso, que si estaba interesado en recibir en casa un catálogo de señoritas”. La verdad no daba crédito a lo que oía y no sabía cómo expresarle mis dudas: “catálogo con fotos de señoritas de compañía” me contestó, por si me quedaba duda sobre la oferta. No pude evitar decirme a mí mismo: Joder, esto sí que es agresividad y no la que pide Phil Jackson. Debe ser cosa de la crisis económica.
Como la crisis parece que no ha tocado fondo todavía veremos cosas aún más sorprendentes y es que todo el mundo tiene que comer: Ley de vida. Ley de la Naturaleza.
Nota importante: La foto de la modelo no procede del catálogo de marras. Es cogida de Internet con la ayuda inestimable de Google. Siempre puede haber algún malpensado o…

 

 
Recuerdos de California (I). Davis, Mont Hubbard y los vinos andaluces. PDF Imprimir E-mail

Sevilla, Octubre de 2008

Me considero una persona afortunada. El año pasado tuve la suerte de pasar unas vacaciones de cuatro meses en Davis (California), con motivo de una estancia de mi mujer en la sede de la Universidad de California en dicha ciudad.

Davis está situada en el centro de California, a quince minutos en coche de la capital del Estado, Sacramento, y a una hora aproximadamente de San Francisco. Cuando llegamos a primeros de Septiembre hacía bastante calor y eso confirmaba la información previa de que el clima era muy similar al de Sevilla.

Al principio tuvimos grandes dificultades para encontrar una vivienda. Como todo momento malo no puede durar indefinidamente, al fin conocimos a una pareja estadounidense de jubilados, Wil y Jo Lynn, que alquilaban su casa porque volvían a su estado de nacimiento, Louisiana. Esta pareja, con quien tuvimos la oportunidad de compartir la casa durante una semana, resultó ser encantadora y mantenemos contacto con ella vía e-mail. Nos han  prometido hacernos una visita en la próxima Feria de Sevilla porque les encantó el ambiente de la misma y sobretodo ?las casetetas?, como Wil llamaba a las casetas, tras enseñarles múltiples fotos por Internet.

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Nuestra casa de Davis

La vivienda era la típica casa americana de una sola planta, con un jardín pequeño delantero y otro grande trasero, ambos con un césped muy cuidado. Las habitaciones eran muy amplias y la cochera, como suele ser habitual, era más bien un taller y almacén de herramientas y aparatos varios. A nuestra disposición quedaron varias bicicletas que nos resultarían a la postre, sobre todo a mí, muy útiles.

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Cochera-taller de nuestra casa de Davis

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Rafa, perdón, Salva y Lucía despidiéndose en nuestra casa

Davis es una ciudad cuyo centro de gravedad es el campus universitario, tiene aproximadamente unos cien mil habitantes y más árboles y bicicletas que personas. Es muy llana, lo que permite que la mayor parte de los estudiantes se trasladen en bici tanto por el campus como por el conjunto de la ciudad.

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Aparcamiento de bicis en el campus de Davis

Davis a pesar de no tener monumentos de interés, por ser muy joven, tiene el atractivo de tener muchísimos árboles por todos lados. En el campus, de forma especial, se ven en cualquier momento ardillas por cualquier lado, a pocos metros de los transeúntes, e incluso conejos cerca de los edificios universitarios. La gente es muy amable y servicial. Hay una comunidad de origen mejicano muy grande, por lo que es muy frecuente encontrar personas que hablan español en cualquier institución; allí nunca nos legamos a sentir del todo extranjeros.

Un determinado día recibí la respuesta al e-mail que le escribí al prestigioso profesor Mont Hubbard, del departamento de Biomecánica Deportiva de la Escuela de Ingeniería, solicitándole copias de algunos de sus artículos, sobre Biomecánica e Ingeniería del Baloncesto, que eran difíciles de conseguir por otro medio. Me comunicaba que podía ir a recogerlos al día siguiente, entre la 1 y las 2 de la tarde, a su despacho. Con tiempo suficiente y, como era mi costumbre, monté en la bici, después de poner en una bolsa dos botellas de vino: una de manzanilla de Sanlúcar y otra de un oloroso de Jerez con la esperanza de que le gustasen y las aceptase como regalo por su amabilidad. El día, algo excepcional, resultó ser bastante lluvioso pero nada frío.

Justo cuando llegaba al edifico de la universidad subí por la acera para dirigirme a uno de los aparcamientos de bicis que había en la misma puerta. En ese momento arreció la lluvia y con una mano me ajusté la capucha del chubasquero que llevaba, con tan mala fortuna que la bici patinó y me golpeé la mano izquierda con la fachada, cuya superficie era bastante rugosa. Mi único pensamiento fue desear que las botellas no se hubiesen roto. Hubo suerte y permanecieron intactas. Ya sólo era cuestión de subir unas escaleras hasta el primer piso. El profesor Hubbard me recibió de forma muy educada y agradable y en absoluto dio muestras de tener prisa para seguir atendiendo sus asuntos después de darme los artículos. Le ofrecí las dos botellas de vino y me lo agradeció con la suficiente expresividad como para estar seguro de que sabría apreciarlos y saborearlos. De pronto me miró algo sobresaltado señalando mi mano sangrante de la que ya me había olvidado; me ayudó a curarla, recurriendo a un pequeño botiquín que tenía en su despacho.

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El profesor Mont Hubbard

Tras estar una hora aproximadamente conversando con él sobre la revista que edito, de la que tradujo al inglés algunos párrafos de algunos artículos sobre biomecánica, me dijo que en Junio próximo asistiría a un Congreso de la asociación que presidía, International Sports Engineering Association (ISEA), en Biarritz, en el sur de Francia. Me habló de la posibilidad de aprovechar esa oportunidad para venir a España. Por supuesto que le invité. Dado que yo tenía prisa por tener otra cita quedamos en continuar hablando a la mañana siguiente. Así hicimos. Me alegró cerciorarme de que ambos vinos les habían gustado mucho,  tanto a él como a Lyn, su mujer.

La marca que me dejó la herida en la mano, en la que consideré una primera ronda con vinos andaluces, ha quedado como recuerdo del inicio de una buena relación. La segunda ronda tuvo lugar en Junio pasado en Sevilla y otros lugares de Andalucía. De ésta y de gastronomía hablaremos otro día. De momento les adelanto que el matrimonio Hubbard ha sabido apreciar como pocos la calidad de nuestros platos y nuestros vinos, así como la hospitalidad de nuestra tierra. Seguro que volverán, lo cual viniendo desde tan lejos es muy, pero que muy significativo. Desde Sevilla, recordando los buenos momentos pasados en Davis y los días de turismo por algunos rincones de Andalucía en su compañía, brindo por ellos y nuestra incipiente amistad con una copa de manzanilla. ¡ Qué menos, digo yo !

 
Guiando a los Hubbard por Sevilla. La antigua Real Fábrica de Tabacos. PDF Imprimir E-mail

Sevilla, Septiembre de 2008

Acabo de recibir un correo electrónico del profesor Mont Hubbard, de la Universidad de California-Davis, en el que me agradece, con un lenguaje exquisito propio de personas muy educadas, la referencia que hago a él y a su esposa Lyn en una entrada reciente en este blog. En ella hablaba de nuestro paseo y cena en el Barrio de Sta. Cruz. Esto me anima a aprovechar la oportunidad de enviarle algunas fotos mediante esta web. Estoy seguro que disfrutará de sus recuerdos de esta visita.

En la mañana del 16 de Junio pasado lo acompañé y lo presenté en la conferencia que impartió, sobre Biomecánica Deportiva, en el Centro Andaluz de Medicina del Deporte (CAMD). Sobre este acto ya he dado información detallada en otro lugar de esta revista.

M. Hubbard durante su conferencia en el CAMD

Ese mismo día, ya por la tarde, visitamos, entre otros monumentos, la antigua Real Fábrica de Tabacos (RFT), edificio central de La Universidad de Sevilla, sede del Rectorado y de algunas facultades. Previamente me había informado sobre la historia de este noble edificio, para poder satisfacer la gran curiosidad de  Mont y su mujer Lyn.

Puerta de la fachada principal de la RFT                    Placa de cerámica en el muro exterior

Las obras de este colosal edificio comenzaron en 1728, se suspendieron en 1731 y se reanudaron en 1750. A los inmensos talleres y almacenes se añadían 24 patios para favorecer la ventilación; 21 fuentes y 10 pozos para el suministro de agua para la limpieza. Se construyeron 87 caballerizas para albergar casi 400 animales, entre caballos y mulos, que eran necesarios para la molienda del tabaco. El número de trabajadores era aproximadamente de 1500.

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Patio de la antigua RFT, sede central de la Universidad Fuente del saber”, en uno de los patios

Pudimos observar, en uno de los patios, los rótulos que todavía se conservan de la antigua factoría que, por su ubicación, probablemente pasarán desapercibidos para la gran mayoría de estudiantes y visitantes.

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Rótulos que aún se conservan de la antigua Real Fábrica de Tabacos de Sevilla

En este entorno tan hermoso, que dejó perplejo a Mont, no puedo sino rememorar el pasaje de la novela Carmen, del francés  Prosper Mérimée, cuando José narra su primer encuentro con la gitanilla en este lugar:

>>  La campana está tocando; las chicas van a entrar al trabajo.

… hay de cuatrocientas a quinientas mujeres empleadas en la fábrica. Son las que lían los cigarros en una gran sala, donde los hombres no entran sin un permiso…, porque cuando hace calor, se aligeran de ropa, sobre todo las jóvenes. A la hora en que las obreras vuelven después de comer, muchos jóvenes van a verlas pasar y se las dicen de todos los colores.

>>  Levanté los ojos y la vi…

Y continúa contando José:

>> Llevaba una falda roja muy corta que dejaba ver unas medias de seda blancas con más de un agujero, y bonitos zapatos de tafilete rojo, anudados con cintas color de fuego. Apartaba la mantilla para descubrir los hombros y un gran ramo de casia que sobresalía de la camisa. Tenía también una flor de casia en la comisura de la boca y avanzaba balanceándose sobre las caderas como una potranca de Córdoba. Una mujer con ese traje en mi país habría hecho persignarse a la gente. En Sevilla, todos echaban algún piropo atrevido a su figura; respondía a cada uno mirando dulcemente con el rabillo del ojo, con el puño en la cadera, descarada como una auténtica gitana que era.

Después de esta visita sólo quedaba, para complementar la tarde, escuchar la música de la ópera Carmen de Bizet. Así hice cuando llegamos a casa, por cierto muy pero que muy cansados.

 
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